Ojalá que el síndrome del monumento no atrape a los Santiagueros pagando un alto precio solo para tener algo grande.

SANTO DOMINGO.-Carlos Sully Bonnelly Ginebra es un doctor ingeniero de caminos, canales y puertos autor de un artículo que -desde mi óptica- debería despertar debate y reflexión.

Se ha anunciado la construcción de un monorriel en Santiago, como solución a la movilidad urbana, que supone una inversión de 697 millones de dólares en principio.

El profesional revela, sin embargo, la existencia de un estudio técnico de una firma internacional, que plantea una solución diferente, al parecer más eficiente, eficaz y más económica.

Se trata de un sistema de autobuses de altas prestaciones en rutas exclusivas, con más coberturas y mejor capacidad de respuesta, con una inversión estimada en 471 millones de dólares.

Estamos hablando de una inversión de 226 millones de dólares menos, pero con una solución más ajustada a las necesidades de movilidad de Santiago.

Como dice Bonelly, si seguimos el mandato de la Ley 498-06 sobre Planificación de la Inversión Pública, estas locuras faraónicas e hiperbólicas no deberían suceder.

La sociedad de Santiago, al menos la gente sensata, debería estar debatiendo este tema con objetividad, sin politiquería, para determinar qué es más conveniente de cara a su movilidad.

Ojalá que el síndrome del monumento no atrape a los Santiagueros pagando un alto precio solo para tener algo grande.

Ojalá que en el debate se hable del Transmilenio, el sistema de buses de Bogotá con 7.8 millones de habitantes; es más de 7 veces Santiago.