SANTO DOMINGO.- Me atrevo a asegurar que este es el único país donde el proceso de mantenimiento de una planta generadora de electricidad es noticia, a veces de portada.

Parar una estructura productora de electricidad cada cierto tiempo es algo común y no debería sorprender, sobre todo si obedece a una programación.

No asumir esa práctica sería no solo una irresponsabilidad gerencial, sino un alto riesgo de afectación de los activos de generación hasta poner en riesgo real la continuidad del suministro eléctrico.

¿Cuánta gente de a pie en Estados Unidos, Europa, Asia u otros lugares del mundo sabe el nombre de cada planta de su parque de generación?

Aquí nos sabemos los nombres y los comentamos en los corrillos, en los patios, en el transporte público, incluyendo la capacidad instalada de cada unidad.

Es decir, nos hemos vuelto todos expertos y analistas eléctricos, con tanto arrojo que hasta procuramos saber en qué porcentaje está la oferta y la demanda.

Pero no todo queda ahí: el mantenimiento de una planta eléctrica suele arrojar toda suerte de especulación.

Algunos le sacan ventajas políticas y otros, que se proyectan como reputados técnicos, atribuyen de una vez las salidas de las plantas a temas financieros, aunque eso haya sido superado.

Todo esto, señores, ocurre por no tener un sistema eléctrico adecuadamente planificado. Por el mantenimiento de una planta nunca deberían producirse apagones. Ese es el tema.