SANTO DOMINGO.- La República Dominicana tiene grandes pasivos en términos de salud que actualmente no están en debate porque el COVID-19 domina como fenómeno sanitario.

Desde marzo de 2020 el coronavirus ha captado, en términos públicos, toda la atención en lo que a salud se refiere.

No se trata de un comportamiento local; es global. A nivel de noticias, opiniones y análisis de salud, el tema sigue siendo dominante.

En nuestro caso es importante saber que tendremos que convivir con el COVID-19, porque no sabemos cuántas variantes se derivarán del virus.

En ese contexto, vale no perder de vista que tenemos como país un pasivo creciente en salud.

Lo primero es destinar los fondos que necesita la salud como servicio público, algo que pasa por una reforma tributaria para poder gastar más.

Segundo, prestar atención a aquellos indicadores que debemos mejorar, como la muerte de parturientas, los decesos de neonatos, los accidentes de tránsito y otros aspectos con carácter de epidemia.

El tercer tema clave es la adecuada nutrición, sobre todo en la edad escolar, la atención a los envejecientes y el retiro digno de los trabajadores -que necesitará una reforma del sistema de seguridad.

No podemos dejar fuera las políticas de saneamiento, pues estamos llenos de reservorios de agentes patógenos que afectan la salud, especialmente en las poblaciones más depauperadas que viven entre cañadas.

Finalmente, el cuidado del ambiente, que también impacta en la salud y en la calidad de vida, acusa grandes déficits.

Es amplia la agenda y son muchos los retos en materia de salud.