La flagrancia del peculio de oficiales, fuera del radar de la DGII, pero a plena vista, es tremenda.

Llamar al Diablo no es lo mismo que verlo llegar y me temo que algo similar ocurra con la laudable buena intención del presidente Abinader para ¡por fin! reformar la Policía. Una comisión con muchos nombres bonitos para tuiteo y satisfacer a una sociedad civil ávida de los prometidos cambios, empero, quizás no sea la mejor ruta para lograr el fin anunciado.

Afortunadamente la veintena está encabezada por Servio Tulio Castaños, con experiencia en la FINJUS procurando consensos y bregando con grupos heterogéneos. En este hay pocos abogados y menos expertos en seguridad ciudadana. Más que nada, la voluntad política es lo que se requiere para la imprescindible reforma policial. No hay que reinventar la rueda, pues otras policías peores que esta han podido reformarse con ayuda internacional. Depurar al personal, mejorar entrenamiento y compensaciones, gerenciar con criterio y honestidad, empoderar investigadores de asuntos internos… La flagrancia del peculio de oficiales, fuera del radar de la DGII, pero a plena vista, es tremenda.