En días pasados recibí en el consultorio a una joven de 25 años, profesional, con grado de maestría, inteligente, acuciosa, con una gran capacidad de expresión verbal, aguda, disciplinada… si continúo, la lista podría ampliarse mucho más.

Asiste en busca de acompañamiento pues acaba de terminar un noviazgo de 11 años y quiere, según sus propias palabras, aclarar y entender sus sentimientos, pues aunque lo ama, ha comenzado a mirar algunas cosa que hasta ahora estaban ocultas ante sus ojos.

Pudo mirar que le ha sido infiel con varias mujeres y que ella está ahora en riesgo de sufrir una enfermedad de transmisión sexual.

Pudo mirar que él hacia negocios y proyectos grandes, maravillosos en los que ganaría mucho dinero y que finalmente se quedaban en proyectos y nada más.

Pudo ver con objetividad que lo que provocó el rompimiento de la relación fue que  se negó a tomar un préstamo a  nombre de ella para él comprarse una jepeta.

Pudo ver que había un ritmo cíclico en la relación donde en un momento él le decía que no la quería y luego le pedía perdón y ella se convertía en la mejor mujer del mundo.

Exploro el desarrollo laboral de la joven y aparece su brillantez y capacidad en un contexto que no la reconoce, la descalifica, la abusa. Un negocio familiar del lado paterno del cual pudo salir al cabo de 5 años luego de conseguir buenos proyectos para la empresa. Esto lo decide al regreso de terminar una maestría fuera del país, que no redundó en promoción ni en un mejor salario para ella.

En la actualidad trabaja para otra empresa pero al igual, su superior inmediato no la promueve a pesar de su capacidad y de que es ella quien hace el trabajo de él y de dos personas más.

Al ir escuchando este relato voy identificando una gran variedad de violencias y exploro su familia de origen ¿Cómo es la relación de tus padres?  BINGO!!!!!!

Me dice que hace a penas 2 años sus padres se separaron, luego de 24 de una violencia severa de su padre contra su madre.

Recuerda las discusiones interminables, las separaciones y reconciliaciones, las descalificaciones tanto a su madre como a ella. Recuerda además cómo su madre tuvo que posponer su proyecto profesional. Refiere las conductas de control y manipulación.

Esta chica tiene una hermana menor de 13 años que ha tenido que ser cambiada de colegio por sufrir acoso escolar o bullying de parte de sus compañeros.

Este es el legado de la violencia a las hijas:

1- Mujeres que por haber normalizado la violencia en la relación de sus padres no la miran ni la reconocen.

2- Mujeres que por no haber visto a mamá poner limites, no los aprendieron a poner ellas tampoco.

3- Mujeres que por haber vivido la descalificación constante de mamá, se descalifican a ellas mismas y se regalan a los demás en busca de valoración.

4- Mujeres que por haber vivido a una madre que renunció a su proyecto de vida profesional, aprendieron a postergarse ellas mismas y poner a los demás, principalmente a la pareja, en primer lugar.

Un proceso terapéutico asertivo y a tiempo puede recuperar todas estas perdidas, pues una chica como esta es a la que le tocará romper el código familiar de la violencia para no traspasarlo a las siguientes generaciones y ella tiene fortaleza y disciplina para esto.

Pero pienso en la cantidad de chicas que producto de los aprendizajes sociales alrededor del matrimonio y las relaciones entre el hombre y la mujer, la falta de oportunidades y la imposibilidad de encontrase con alguien que las ayude a confrontar la violencia, pasan sus vidas sufriéndola, sin mirarla ni entenderla.

A todas esas mujeres, chicas, jóvenes, madres y padres, les dedico este artículo.