Las mascarillas que la pandemia ha impuesto como protección y atuendo tienen su misterio seductor, estimulante de la imaginación, del acertijo y la apuesta. Generan interrogantes, provocan lecturas e inquietan.

-Tus ojos y tus cejas me dicen que debes ser bonita.
El piropo le fue disparado a una de las chicas que trabaja conmigo mientras iba por una pizza cerca de la oficina. Provino de un cuarentón, de esos que andan siempre de cacería.
Las mascarillas que la pandemia ha impuesto como protección y atuendo tienen su misterio seductor, estimulante de la imaginación, del acertijo y la apuesta. Generan interrogantes, provocan lecturas e inquietan.
¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué hay después de unos ojos luminosos, unas cejas delineadas, unas pestañas florecientes, en un rostro cubierto con una mascarilla?
La incógnita a veces lleva a buscar respuesta en otras partes del cuerpo para llegar a conclusiones más o menos precisas: el cuello, los pechos, la cintura, los contornos de las caderas, las líneas de los brazos, las piernas, el desplazamiento, la cadencia de las pisadas y hasta la voz.
Las mascarillas nos llevan a mirar con más detenimiento, sobre todo el trópico, para concatenar detalles (en mi caso con interés cultural, como diría Melvin Peña) acerca de la personalidad, pues hemos descubierto que la cobertura de la nariz hasta la barbilla nos coloca frente a un enigma.
Se trata de un hecho que despliega una curiosidad similar a la causada por la minifalda, que sólo es satisfecha cuando todo se devela en el traje de baño o la ropa interior.
Ahora sabemos que ese tramo del rostro es realmente determinante, porque la armonía entre nariz y labios (sin importar las formas que depare el ADN)  contiene una estética que arroja hacia el beso o hace marcar distancia al margen de otros atributos físicos competitivos.
En definitiva, las mascarillas son una invitación a descubrir, a realizar exploraciones imaginarias en un viaje con senderos que se bifurcan y llevan o a la decepción o al goce estético al determinar la precisión que podemos tener adivinando la belleza. Son vainas de la pandemia.