En una cultura masculina, impuesta, el conjunto vagina, clítoris, vulva,  pene, ano, pechos penetración y sexo oral componen el instrumental para vivir la sexualidad.

El cerebro es la tinta, y la piel el lienzo donde ha de escribirse el poema. Toda la dermis, mucosas y  tallo cerebral danzan para invitar al placer, al erotismo.  Es un dispendio cercenar el  placer sólo a los genitales.

El placer sexual es similar a la vida, un fin en sí misma, un único destino,  la muerte. El poeta griego Cavafisnos nos  recuerda en su poema Ítaca, que el viaje es más importante que la meta. “Ten siempre a Ítaca en la mente / Llegar ahí es tu destino. / Más nunca apresures el viaje, Ítaca no tiene ya nada que darte”.

La vida y el  placer sexual comparten la simbiosis entre la imaginación y los sentidos. Los besos, las mirada, la delicia de visualizar los cuerpos en el estado de éxtasis, el ansia que activa el olor de los  cuerpos expuestos, el sentir al acariciar cada milímetro de la piel a la velocidad e intensidad deseada, libar cada hendidura, cada cicatriz,  la libertad de cuerpos en movimiento, el límite es un espacio de dos.

En una cultura masculina, impuesta, el conjunto vagina, clítoris, vulva,  pene, ano, pechos penetración y sexo oral componen el instrumental para vivir la sexualidad; consideran que las emociones y placeres se obtienen sólo de la genitalidad. Todas y  cada una de las partes del cuerpo puede ser erotizada, incluso la imaginación; bien estimulado tienen la capacidad de producir placer, de llevar a un grado de excitación profundo donde el deleite sea la pauta, con o sin orgasmo.

El cuerpo y sexualidad de la mujer es atravesado por patrones misóginos.  Para una dama ser exitosa en el disfrute sexual debe cumplir un rosario de demandas: orgasmos vaginales, ojalá fuesen simultáneos y ser multiorgásmica e incluso demostrar eyaculación femenina y  squirting.  El orgasmo es la evidencia, certificado de una sexualidad placentera.

Una sociedad de alto consumo considera el éxito el llegar al final. Todo es y debe ser mesurable.  El orgasmo significa el triunfo, la mercancía, la evidencia,  la victoria de la relación sexual.

Detrás de los orgasmos es posible perderse la belleza del camino, el olor a sudor y a vida, el pelo desordenado, el canto de los pájaros y los atardeceres del cuerpo. La publicidad de la sexualidad resalta el hecho puntual, el orgasmo. La antropóloga Fátima Portorreal se refiere al tema como “El orgasmo es ahora la mercancía del capital en el erotismo”

Que el sistema no te robe el placer de disfrutar el aliento de vida.

No el placer per sé.