Al pueblo dominicano, en su ingenuidad e ignorancia, se le puede decir y engañar con cualquier cosa. Se ha visto y repetido infinidad de veces a lo largo de nuestra historia y más recientemente con el cólera.

Recordemos que a finales de diciembre del 2010 el presidente Fernández habló en un acto multitudinario celebrado en un estadio en esta capital, con cientos de promotores de salud, para anunciar que se había logrado acabar con la amenaza de esa enfermedad y que no obstante haberse registrado unos 110 casos en el territorio nacional, el gobierno había logrado extirpar el mal, sentando un ejemplo y un modelo de prevención para el resto del mundo.

Dijo que hasta ese día no se había registrado una sola muerte por esa causa y en un gesto muy teatral le preguntó al ministro de Salud cuántos pacientes de cólera había entonces.

Enfatizando el número con las manos, el presidente dijo que apenas eran siete y que en el plazo de 48 horas no habría más pacientes, asegurándonos un 2011 sin cólera, a despecho de la situación vigente en Haití, donde había cientos de miles de casos comprobados con una mortandad superior a los cuatro mil.

Poco después murió un nacional haitiano infectado de cólera, que la versión oficial convirtió en víctima de un infarto. Al parecer el país se ha olvidado del entusiasmo presidencial, y a pesar de haberse incrementado desde entonces el número de pacientes, existe una abstención nacional del uso en las crónicas diarias de tan enfática declaración.

La mitología oficial nos ha librado de la amenaza de una grave enfermedad que, según los organismos internacionales de salud, afectará a cientos de miles de personas en toda esta región en los próximos años. Por supuesto, el incremento de los casos publicados en los medios no es más que el fruto de una percepción que reniega del paraíso oficial que también se da en la economía y la seguridad ciudadana.