Las redes sociales están llenando el lugar que los partidos y sus líderes dejaron vacío, para suerte de sus pueblos. Este fenómeno es uno de los grandes legados del Internet y del poder de innovación del pueblo norteamericano, del que nos habló el presidente Obama, al recordarnos la magia de Google y de Facebook.

La fuerza de estas redes, compuestas por simples ciudadanos, mostró todo su potencial en Irán, en ocasión de las fraudulentas elecciones que permitieron al régimen fundamentalista preservar el poder. Las dramáticas fotos de la represión oficial contra las protestas de oposición que allí se dieron, fueron tomadas y difundidas al mundo por los propios manifestantes, a través de sus teléfonos celulares, poniendo así al descubierto la violenta reacción de la dictadura de Teherán.

A través de estas redes, los jóvenes de Tunicia lograron movilizar a la población para ponerle fin a un odioso y corrupto gobierno que le había robado al país toda su riqueza, obligando a marcharse rápidamente al exilio al presidente depuesto con toda su familia. Y esta experiencia se repitió en Egipto, movida por jóvenes cansados de la intolerancia de una tiranía corrupta y sanguinaria de treinta años.

Bastó con un llamado a los jóvenes egipcios a tomar las calles lanzado por las redes del Internet para que el pueblo despertara y enfrentara a las fuerzas de la represión. El presidente Mubarak había superado hasta entonces la gigantesca ola de protesta que su ingrata y odiada presencia genera en el pueblo egipcio, pero finalmente fue derrocado.

En nuestro país, han sido los jóvenes a través de las redes del Internet los que han librado las más grandes batallas de opinión recientes, entre las que debe destacarse la lucha a favor del 4% del PIB para la educación, que constituye el más importante reclamo en favor del equilibrio social en este país.