Convertimos los repasos, las clínicas o como se les quiera llamar, de las Pruebas Nacionales en un prefijo arbitrario del aprendizaje y en un juego de papeletas con preguntas y respuestas, a la pedagogía de unos conocimientos puestos en manos de un personaje que, como “Popeye” sustituye al maestro.

Son las Pruebas Nacionales verdaderos cuentos para jugar. La misma historia corta con tres finales predecibles: La desvinculación del Ministerio de Educación, el delito intelectual imprevenible y el chantaje pedagógico repitente. Repiten cursos los delincuentes con el negocio de las pruebas nacionales, una novela interminable en la cual las autoridades deberían añadir el final.

Hablan y escriben sobre las falsificaciones pedagógicas y didácticas, pero, también en el aprendizaje de las pruebas nacionales, rompen la clausura y la sensibilidad intima de nuestros alumnos. Con esta encarcelación engañosa de sus conocimientos, de sus pensamientos y de esa creatividad que debería cultivar en todas las direcciones, al finalizar su octavo curso y el bachillerato.

Cambiar los conceptos antipedagógicos sistémicos de nuestra rareza y anormalidad escolar, de que la formación del alumno deba producirse en medio del cuadro tétrico de unas pruebas nacionales o finales, donde está prohibido hasta la risa, porque queda prohibido enriquecer los sentidos del alumno, sigue siendo la gran tara de origen y el desprecio que, por la enseñanza, conservan las injustas y dispersas estrategias de políticas educativas de nuestro país.

Cunde el amarillismo noticioso por un 4%, que deja fuera de debate social la proyección y la responsabilidad del poder político y social, en cosas como las pruebas nacionales, los textos escolares (no los integrados), la falta de escolaridad la cual deja a más de medio millón de niños cada año fuera de las escuelas, y la calidad de la docencia.

Confiesa la misma Ministra que la mayoría de los profesores contratados en los últimos 15 años, prescinde del dominio de los contenidos, pero juega a la moral pedagógico, al calificarles de generalistas, que desconocen los procesos y las metodologías, sin embargo, se ejecutan planes y programas, como el “Prepara”, con esos mismos profesores generalistas. ¿Qué garantías de aprendizaje tenemos? ¿Cuáles contenidos evaluamos en las pruebas nacionales?

Fijar como clave obligada del fracaso de nuestro modelo económico, la fábula del analfabetismo funcional o nuestro atraso en la exportación tecnológica, sería una grotesca confusión de los cuentos pedagógicos del Ministerio de Educación.  La construcción de un sinsentido, ese disparate organizado en el que ha devenido el sistema de enseñanza.  Una mezcla de titulares de periódicos, que solo muestran una ristra de acontecimientos educativos y de estrategias académicas absurdas.

Prohíbe el Ministerio el cobro por los repasos, por las clínicas y otros servicios de Pruebas Nacionales, sin embargo, están en un sitio web, un lugar donde retozan las emociones y la docencia, donde la palabra, la herramienta estratégica de todo educador, pierde la elocuencia pedagógica, porque se aprenden los contenidos curriculares por medio del lenguaje, informático y del lenguaje cinestésico.

Desprecia este sitio web el lenguaje matemático, la construcción y constitución lingüística para el aprendizaje del español, de la misma manera, que el marco oral que requieren las ciencias naturales y las ciencias sociales.  Pierden los alumnos ese lenguaje natural del aula, adquieren en el ordenador una nueva lengua que ni siquiera explica la literatura de la gramática en que fue concebido y diseñado el programa informático, el Inglés.

Convencer sin un lenguaje cercano es muy difícil para cambiar la conducta humana.  Porque, los alumnos que acceden a esta página lo hacen impulsados por varios deseos, conocer, demostrar sus destrezas y su habilidad para cometer fraudes, o con el objetivo de sorprender o alcanzar fama.  Nunca buscarán aprender, porque esta es una actividad práctica, por lo cual aprender y enseñar nunca podrán ser tratados como un asunto teórico, que se puede conseguir con solo golpear una tecla.

Necesita el Ministerio impulsar una retórica pedagógica que cambie los sentimientos y las emociones de los maestros, de los padres y de los alumnos, con respecto a las pruebas nacionales.  En virtud de que la práctica de las pruebas nacionales ha demostrado los grandes problemas y demandas del sistema de enseñanza.

Necesitamos motivar mejor los logros antes de formular las ofertas educativas que pasan por encima de las demandas objetivas y sentidas del sistema.  Para ello, urge volver a la disciplina y la autodisciplina escolar con el fin de alcanzar la excelencia.  Aquel 1000 x 1000, pero, con una clave ética, con medios, deberes y derechos legítimos.

Sería urgente que la autoridad escolar escuche a sus públicos internos y externos, que muestre más interés en resolver la irrupción de intereses en los servicios, en los agregados y en los productos educativos, en lugar de gastar recursos, tiempo y energías, en pactos y acuerdos irregulares, oscuros y de silencio, con intrusos contaminantes del sistema de enseñanza Nacional