Cada segundo, mil salvajes, desde motoristas hasta fragantes tutumpotes, se pasan impunemente un semáforo en rojo, y/o se meten tranquilamente en vía contraria (¡incluyendo túneles y elevados!),

Cada segundo, mil salvajes, desde motoristas hasta fragantes tutumpotes, se pasan impunemente un semáforo en rojo, y/o se meten tranquilamente en vía contraria (¡incluyendo túneles y elevados!), y/o circulan libremente a más de cien por hora, y/o ocupan sin temor cualquier acera, y/o imponen sin ser castigados un insoportable estruendo de bocinones o escapes recortados, y… ¡Oh, en medio de esta “normalidad”, se produce un hipócrita escándalo de primeras planas, cuando un salvaje asalta el paseo central de una avenida! (Lo que propicia que nos recuerden la existencia de algo llamado AMET, que es dizque “autoridad”).