Quito fue la ciudad que nos permitió, bordeando el volcán de arena, la guagua pichincha, en dos vanes pequeñas, caminar a través de los bosques con sus empinadas lomas y abismos en casi todo el trayecto hacia la ciudad de Esperanza, la de los hongos alucinógenos, una de las dos ciudades indígenas de Ecuador.

En un momento nos encontrábamos en la llamada Cara del Diablo, por su parecido con esta detestable figura. Tiene 20 metros de altura. Llegamos a Esperanza en donde se presentaría el grupo Ilegales.

El consabido éxito acompañaba a este singular grupo.

Recordamos que para salir de la tarima teníamos que hacer maravillas, porque su público, con una buena cantidad de indígenas se lanzaba detrás de todos y cada uno de ellos.

Al otro día, después de haber pasado casi 8 horas de camino (Quito-Esperanza) partimos a Guayaquil.

En el camino, diferente al ya transitado nos encontramos con decenas de letreros que indicaban la presencia de consultorios de Chamanes (Brujos y curanderos) algunos no muy agradables, los que tenían la cara pintada y otros menos que estos.

Llegamos a la ciudad de Guayaquil en donde dormiríamos y actuaríamos compartiendo tarima con el entonces presidente de Ecuador, una persona pintoresca que se creía artista: Abdala Bucarán.

Cabe mencionar que Guayaquil es una ciudad donde se consiguen muchas cosas de contrabando.

Al otro día partimos a la ciudad donde habíamos empezado la gira: Quito, por equivocación uno de los miembros del grupo (El lobito), por poco sale hacia Colombia en diferente avión.

Digo estas cosas para expresar los cambios que da la vida y cómo de una isla caribeña, donde nos internamos a bosques, abismos y misteriosas civilizaciones, lo más importante de esto es sacar la experiencia. Espero los muchachos hayan aprendido, porque esto no se ve todos los días.