Una de las consecuencias del empoderamiento dado por las redes sociales es que hay innumerables expertos en cada cosa imaginable opinando doctamente a diestra y siniestra, casi siempre enredando la cabuya más que desenredando cualquier embrollo.

Una de las consecuencias del empoderamiento dado por las redes sociales es que hay innumerables expertos en cada cosa imaginable opinando doctamente a diestra y siniestra, casi siempre enredando la cabuya más que desenredando cualquier embrollo.

En Twitter, Facebook e Instagram, supuestos asesores en relaciones públicas dan ejemplo de qué no debe hacerse al disparatar en sus propias cuentas. Proclamados expertos en seguridad pública pontifican sin jamás haber desarrollado ningún protocolo o rutina para ningún cliente importante, basando su experticia sólo en opinar por medios y redes. Analfabetas culturales, puestos en evidencia por cómo escriben y las ideas que expresan, truenan sobre asuntos tan serios como la educación pública y los currículos escolares. Políticos tan impopulares que no logran convencer ni a sus familiares para votar por ellos, se arrogan hablar a nombre de la patria. Sindicalistas que son pésimos patronos exigen a reales empresarios y al gobierno lo que ellos no dan.

Somos una nación de expertos y todólogos. ¿Por qué entonces nos da tantísima lucha arreglar todo lo malo?