El caso del suspendido director del Instituto Agrario Dominicano (IAD), ingeniero Leonardo Faña, me ha trasladado a la época en que hacía estudios de maestría en la Universidad de Pittsburgh, en Pennsylvania, EU. Recuerdo que por la respuesta que di a una pregunta, el profesor me dijo: “Venecia, en un jardín hay una gran variedad de flores, pero si te preguntan por la rosa, concéntrate en ella; no evada la respuesta, hablando del clavel o la orquídea; es señal de inseguridad, de confusión”. Jamás olvidé esa lección.

El caso del suspendido director del Instituto Agrario Dominicano (IAD), ingeniero Leonardo Faña, me ha trasladado a la época en que hacía estudios de maestría en la Universidad de Pittsburgh, en Pennsylvania, EU. Recuerdo que por la respuesta que di a una pregunta, el profesor me dijo: “Venecia, en un jardín hay una gran variedad de flores, pero si te preguntan por la rosa, concéntrate en ella; no evada la respuesta, hablando del clavel o la orquídea; es señal de inseguridad, de confusión”. Jamás olvidé esa lección.


 Faña está atravesando por una situación penosa; una exempleada lo acusó de agresión sexual, de haberla anestesiado para abusar de ella; eso es grave.  Días después, la señora retiro la denuncia y salió del pais; por ley, el Ministerio Publico, como representante de la sociedad, puede seguir el caso y así lo hizo; la Corte de Apelación dictó a Faña dos meses de prisión preventiva; investiga.


Faña es un líder político y agropecuario; muchos de sus seguidores esperaban el cambio de gobierno para por su vía, aliviar su situación; se logró el cambio, pero ahora está preso; los seguidores intentan defenderlo y al igual que el imputado, esgrimen argumentos   que nada tienen que ver con el acoso sexual. Dicen que está detenido por denuncias que hizo a funcionarios del pasado gobierno; que pretenden vengarse, apoyados por algunos poderosos del régimen actual. Hablan de política, no del abuso sexual. ¿Por qué?  


Si es inocente, debería defenderse, con firmeza y coraje, hasta demostrarlo; pero si es culpable y está arrepentido, debería, con humildad, aceptar su cuota de responsabilidad, pidiendo perdón. Son muchas las personalidades del mundo, hasta de iglesias, que lo han hecho. El arrepentimiento sincero es saludable, terapéutico, facilita la justicia y la estabilidad emocional.  


Los argumentos de algunos defensores de Faña, tienden a perjudicarlo más; lo ayudarían si por esa acusación de acoso expresaran sorpresa, si la pusieran en duda porque es honesto, de comportamiento ejemplar; los que desinteresadamente lo quieren, deberían empeñarse en destacar un hombre íntegro; no al político, demagógicamente.   


Como humanos, podemos equivocarnos, cometer errores; pero reconocerlos con humildad ¡es de valiente!  Como figura pública, Faña necesita serenar su espíritu, mirar su YO interior, evaluar sus acciones con objetividad; debe ser honesto consigo, con la familia, con la sociedad; cuando nos equivocamos y el arrepentimiento es sincero, todo fluye: se logra paz interior; se proyecta credibilidad, energía positiva, en los demás; la familia comprende, ayuda a la estabilidad; la sociedad aprende.  


 Faña concéntrese en la acusación, atienda la justicia, despeje la verdad, ¡busque a Dios!; reconocer un error y asumir las consecuencias, no destruye las huellas positivas de toda una vida.  Abra su corazón a la verdad; no tome su posición de líder en la política como escudo para enfrentar esta situación; reflexione sobre el poder de la verdad; le dará base para enfrentar con humildad, esta situación que de seguro es adversa para usted, su familia y seguidores; asuma, este caso con actitud ejemplar, sin demagogia; contribuya al cambio positivo, ¡ayude a fortalecer la sociedad!