FOGARATE

¡Qué linda era la vida cuando, para entregar un mensaje con beso y abrazo, emprendías el camino, bañándote en los transparentes arroyos y maroteando a lo largo de tres días! ¡Qué linda, la sinfonía concreta que tocaba el telegrafista de todas las urgencias, bajo la batuta del maestro Morse! ¡Qué emocionante, la ansiosa espera del cartero alegre y servicial que traía la perfumada carta del ser amado! ¡Qué toque peculiar al cielo, el de las blancas volutas de las señales de humo! (Es lo que pienso cada vez que me enfrento, arrepentido, a un teléfono nuevo que me ha desorganizado totalmente el universo)