José Carlos Nazario.

Decimos que el manejo efectivo de la comunicación no es una improvisación. Lo afirmamos ante la hegemonía negligente de la gestión intuitiva, que hoy descuida el contenido y la estrategia perjudicando a empresas y personas. En comunicación política esto es un caso repetido. El dirigente, acostumbrado al método rudimentario de hacer las cosas, cree que cuenta con la capacidad para enfocar los temas y atraer a los públicos objetivo sin necesidad de estudiarlos. Les basta con ver los números, como quien moja de saliva el dedo, y mirar en qué dirección sopla el viento. A veces, ni siquiera esto se da y el político pasa a ser un intérprete público de sus obsesiones privadas.

En días pasados hice una pregunta a través de Carmen Imbert-Brugal al entrevistado de su programa, Guillermo Moreno. Preguntaba si la querella contra Leonel Fernández, relacionada con FUNGLODE, es parte de la agenda política de Alianza País. Mi interés, puramente analítico, parte de la realidad incuestionable de que ninguna mayoría política se ha construido desde el discurso anticorrupción.

Es un fenómeno interesante en las ciencias políticas la apelación a mecanismos jurídicos como forma de entrada a la agenda. También se ha querido implementar como vía para solución de conflictos o para hacer oposición en esquemas donde la debilidad institucional permite actos de prevaricación. En ninguno de los casos la solución ha sido beneficiosa para la articulación de mayorías y de ahí mi pregunta. La incapacidad de construir una fuerza política exitosa desde el discurso anticorrupción se debe a una razón sencilla: todo lo que hace un actor político, si quiere crecer, debe tender a generar consensos.

Pero el principal error de Moreno y su proyecto no ha sido abrazar el discurso contra la impunidad como bandera. El problema, ya generalizado entre todos los opinadores locales, es lo que George Lakoff (el célebre lingüista norteamericano) ha definido como marco. Para entender de qué se trata aludiré lo que el mismo Lakoff utiliza como ejercicio en sus trabajos y charlas. Empieza diciendo a los presentes “No pienses en un elefante. Hagas lo que hagas, no pienses en un elefante.” Si el lector ha superado el aburrimiento y me sigue, se dará cuenta de que lo que pide el experto es imposible.

Cuando se utiliza una palabra se activa una serie de marcos (de significados relativos u opuestos). Escuchamos la palabra o una idea y se produce una inferencia. De manera inconsciente, nuestro cerebro descodifica lo dicho de un modo en el que lo racional no opera directamente. No se trata de un proceso consciente y, por tanto, la comunicación se da con efectos que pueden ser claramente contrarios. “Cuando negamos un marco, evocamos el marco.”

La animadversión contra Leonel Fernández como actor político es justificada, pero poco útil. No conozco el contenido de la querella judicial presentada por Moreno. No puedo emitir juicios de valor sobre el aspecto jurídico. Ahora bien, si lo que se plantea Guillermo y Alianza País es crecer a través de querellas judiciales contra Leonel Fernández, me temo que yerran. Preparar procesos judiciales, lejos de descalificarlo le ofrece una vigencia que no le corresponde en esta etapa de su vida política.

La apuesta para construir una alternativa potable debe ser la articulación de un relato político coherente. Debe comunicarse desde marcos claros en los que los electores puedan verse reflejados. Se trata de hacer representaciones, participaciones en el escenario político que lleven contenido diferenciado y cuenten de un modo distinto la historia. Si observamos los rasgos de los políticos de éxito en la región, todos han sabido llevar adelante un modelo alternativo, arraigado y con valores compartidos con su sociedad. Se trata de asumir nuevos marcos, lejos de los vigentes, para poder enfrentar a estos fuera de su cancha.

Si Néstor Kirchner hubiera basado su proyecto político en la figura de De la Rúa (por ejemplo), en vez de construir un discurso social referencial y que nunca había sido aludido por la política argentina, no habría tenido éxito. Si Hugo Chávez hubiera enfocado su apuesta comunicacional en Carlos Andrés Pérez, en vez de llevar un relato arraigado en la esencia venezolana y los problemas sociales del momento, nunca habría llegado al poder. Ni hablar del Frente Amplio uruguayo, Correa y tantos otros modelos alternativos.

El objetivo claro de todo partido político es construir la fortaleza suficiente para lograr poder. El camino escogido por Moreno ha sido recorrido en muchos países de la región. En ninguno de los casos ha logrado una fuerza política exitosa. Funciona, sin embargo, para erigir referentes populistas que gravitan en el escenario político para hacer valer sus intereses. Pero eso no es lo que Guillermo Moreno y Alianza nos han dicho que quieren.

El autor es escritor y estratega de comunicación. Socio gerente de Nazario Comunicación Estratégica (nazariocomunicacion.com).