Con el discurso del 3 de abril de 2011, el presidente Fernández se vio obligado a recular súbitamente a sus aspiraciones para postularse de nuevo a la Presidencia. El rechazo generalizado resultó más poderoso que las desmedidas ambiciones del político. Con su forzada aceptación de lo que establecía la Constitución, desactivaba momentáneamente una conmoción social que se anticipaba a corto plazo. Pareció entonces como si hubiera comprendido que apretaba demasiado la tuerca y las roscas se estaban corriendo.

Cualquiera habría pensado que la cordura surgía en un gobierno que se ha caracterizado por la impunidad, la corrupción y el endeudamiento excesivo. Sus arrogantes discursos a lo Superman serían seguidos a partir de entonces por actuaciones como las del tímido Clark Kent.

Pero, de repente, el Presidente inició una oleada de toma de decisiones dirigidas a mantener el nivel de despilfarro a que nos han acostumbrado los gobiernos del doctor Leonel Fernández.

Se comportaría entonces como el elefante que se desplaza erráticamente por una exposición de cristales finos: aumentaría la tarifa eléctrica cuando peor servicio se está ofreciendo al público; desatiende las cuestiones de salud hasta el punto de que el cólera se ha convertido en pandemia; aumenta antojadizamente los precios de los combustibles cada semana mientras regala gasoil a sus aliados transportistas; envía al Congreso un paquetazo de impuestos que lesiona a sus socios financieros; promulga la ley de la Policía Técnica Judicial que crea conflictos innecesarios en este momento de confusión nacional; se resiste a constituir el Tribunal Superior Electoral cuando falta menos de un año para la celebración de las elecciones presidenciales de 2012. No en balde, ni siquiera el siniestro Fondo Monetario Internacional ha querido hacerse cómplice, una vez más, de la conspiración para perjudicar sensiblemente el nivel de vida del pueblo dominicano.

Mientras varios dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se disputan la candidatura presidencial, Leonel actúa como si buscara la derrota electoral de su propio partido. Unas cuantas semanas atrás, a muchos les daba la impresión de que en las elecciones de 2012 habría una lucha cerrada entre Hipólito Mejía por el Partido Revolucionario Dominicano y Danilo Medina por el PLD. Pero, de improviso, el presidente Fernández toma esas decisiones antipáticas y perjudiciales para el pueblo que contaminan sensiblemente la simpatía del candidato del PLD. ¿Querrá el Presidente que Danilo Medina pierda las elecciones? ¿Estará Leonel recreando la saga perversa que aplicó el presidente Joaquín Balaguer a Augusto Lora en los años 1970, quien tuvo que crear una organización política aparte del Partido Reformista para sobrevivir políticamente?

Para agravar la crisis política creada por la administración de Fernández, cada día más repudiada por la mayoría, en ningún momento ha propuesto disminuir los gastos de su gobierno. Por el contrario, plantea austeridad en un discurso y, de inmediato, aumenta los gastos y despilfarros. Incluso llega hasta el descaro de, en medio de la grave crisis, presionar al Congreso para la aprobación de centenares de millones de euros que permitan continuar con el sueño presidencial del tren subterráneo llamado Metro. ¡Vergüenza debía darles hablar de Metro cuando peor está la situación económica del pueblo!

El presidente Fernández, su gobierno y su partido han perdido toda la credibilidad que alguna vez tuvieron. De tanto mentir, derrocharon miserablemente la confianza del pueblo y ahora no encuentran quien crea en sus discursos. Resulta difícil creer en sus promesas y compromisos porque si no ha sido capaz de cumplir con la Constitución y con las leyes, a las cuales se obligó bajo juramento, menos interés debe tener por cumplir ofrecimientos que no conllevan sanción alguna por incumplimiento.

¿Qué busca Leonel Fernández con estas inoportunas y perniciosas propuestas que ponen en peligro la estabilidad nacional y las elecciones presidenciales? ¿Estará buscando crear un caos político para ganar tiempo e impunidad? Lo inoportuno de sus propuestas hace pensar que busca una vía de escape personal que reduzca las probabilidades de una persecución en su contra cuando tenga que abandonar la primera magistratura del estado. El espectro del juicio al presidente Salvador Jorge Blanco podría estar convirtiendo los sueños del presidente Fernández en periódicas pesadillas.