En República Dominicana no se puede hablar de fortalecimiento institucional ni eficiencia gubernamental sin incluir en la fórmula un proceso auténtico de descentralización del poder central.

Cuando descentralizamos, aumentamos el poder, la autonomía de decisión y de control de recursos, las responsabilidades y las competencias de las colectividades locales, aliviando la presión sobre el Estado Central. Es un proceso que requiere de una reforma de carácter político-administrativo que efectivamente produciría una redistribución territorial de las responsabilidades poniendo fin a las decisiones centralizadas que suelen ignorar por demasiado tiempo las prioridades locales.

El ejemplo de numerosas naciones desarrolladas demuestra que la descentralización constituye un instrumento propicio para promover el desarrollo local al tiempo que democratiza los procesos sociales, aumenta la participación popular y reduce la injusticia social en las colectividades involucradas.

El destacado sociólogo español Jordi Borja ha llegado a afirmar que “la descentralización hoy parece consustancial con la democracia, al proceso de democratización del estado, es decir a) ampliación del campo de los derechos y las libertades; b) progresiva incorporación de los sectores excluidos y marginados de las instituciones representativas y, c) mayor control y participación populares en la actuación de las administraciones públicas.”

En nuestro país, el proceso de descentralización deberá reformular las normas que rigen la asignación de los presupuestos a los gobiernos locales. Hoy en día, sólo el índice poblacional parece definir el tamaño de las partidas, sin considerar otros criterios fundamentales como el índice de pobreza, el nivel de ruralidad ni aspectos culturales o medioambientales.

Con los gobiernos municipales definidos por los próximos cuatro años y la inauguración de una nueva administración central a las puertas, el país goza de una extraordinaria oportunidad para encaminarse hacia el fortalecimiento de los regímenes locales.

Por Henry Molina