La anarquía de Haití, un pais sin producción y con hambre, tocan RD y amenazan con quitarnos la estabilidad social.

Haití y República Dominicana (RD) comparten la misma isla. Sin embargo, son naciones con culturas muy diferentes, que se ponen de manifiesto en el idioma, religión, en los sistemas agrícola, educativo, comercial, político, etc.;   en el comportamiento de la población, en la estrategia para satisfacer sus necesidades básicas, desarrollar las potencialidades y elevar el nivel de vida.

En Haití, no hay gobierno; reina el caos, la miseria, la inseguridad, la desforestación; no funcionan las instituciones; los malhechores arropan el pueblo e impiden prosperar.  RD tiene un rumbo diferente: con gobierno democrático, estable, trabajando muy duro, ¡con firmeza y coraje ¡, infunde seguridad, controla la corrupción, ha logrado que las instituciones funcionen y se encaminen hacia el progreso en todos los sectores.

La anarquía de Haití, un pais sin producción y con hambre, tocan RD y amenazan con quitarnos la estabilidad social. ¿Qué hacer? La línea divisoria, de la frontera, es muy débil; aunque con alrededor de 3, 500 hombres en el cuerpo de vigilancia, fuertemente armados, aun así, los haitianos, con variadas estrategias, la cruzan con facilidad; llegan para obtener comida y mejor vida. Los hombres trabajan, principalmente, en los sectores agropecuarios y de la construcción; las mujeres, optan por venir a parir, para quedarse, desempeñando labores domésticas y vendiendo cualquier cosa.

Si deseamos que estas dos naciones, de manera independiente, agarren las riendas de sus vidas, y logren libertad, respeto, disfrutar de paz y bienestar, debemos detener esa invasión sutil al territorio dominicano; que cada una resuelva sus problemas y sea feliz en su escenario, que “se arrope hasta donde su sabana le alcance”. Las divisiones territoriales se hacen, dejando de lado el sentimentalismo; se establecen leyes y normas para que cada uno, resuelva sus problemas en su hábitat.

Entiendo que Haití es un socio de exportación; que a algunos   empresarios les conviene tener asequible su mano de obra barata, pero debemos pensar en la prosperidad y tranquilidad de toda la nación; el gobierno lo sabe.  Para ayudar Haití, no deben ponerle empresas ni servicios sociales en la frontera ni abogar por que las mujeres vengan a parir en RD; deben abrirles fuentes de trabajo y servicios sociales en el centro de Haití; deben ayudar sus líderes a organizar la nación; las organizaciones internacionales y grandes potencias, saben cómo hacerlo. Me preocupa que pretendan poner los problemas de Haití en los hombros de RD; los haitianos deben resolverlos en su escenario. Me resisto a pensar que manos ocultas les convengan desestabilizar las relaciones de RD y el vecino pais, para sacar ventajas del conflicto.

Urge, poner en la frontera un muro de cemento, bien alto, para controlar y resolver con eficiencia la inmigración ilegal y reducir los extraordinarios gastos que tenemos en la misma. El gobierno dominicano no debe dejarse manipular por ningún organismo internacional, que pretenda tirarle la carga de Haití encima; que la tomen ellos, pues tienen mecanismos para ayudar esa nación.

Comparto el sentir del presidente Luis Abinader, cuando dice “no podemos ir más allá de la frontera” “mi responsabilidad es proteger la seguridad del pueblo dominicano”.   Efectivamente, las soberanías de las naciones deben respetarse; y los gobernantes deben concentrarse en atender las necesidades de sus pueblos, cuidando la libertad, la paz y el bienestar de la población; del respeto a esos principios dependen, la armonía y el progreso de RD y Haití.