A Esperancita la mató la pobreza, el embarazo en la adolescencia, el violador impune,  el Concordato.  A esta mujer en ciernes, la asesinó el gobierno  actual y los anteriores,  los dominicanos y dominicanas  hipócritas,  investidos de doble moral.  A Esperancita  la mató el  Estado. Todos y todas, que nos quedamos indolentes ante este holocausto.

A  los 14 años se embarazó de un degenerado que le llevaba 30. Un  individuo de 44 años,  del cual no se sabe nada.  Las pruebas realizadas post mortem dicen que murió de  malaria.   Yo sé que murió por pobre.

Hoy, la muerte vino por  Esperanza.  En República Dominicana  centenares de niñas embarazadas hipotecan sus vidas, o mueren. Solo a un hospital de la ciudad de Santo Domingo llegan al día 20 nuevas adolescentes embarazadas, sin contar  a las que ya están siendo atendidas. De cada 100 mujeres que dan a luz en el Hospital de Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, 30 oscilan entre 11 y 16 años de edad, según ha declarado el propio director del hospital, Juan Cid Troncoso.

El embarazo en la adolescencia predispone a riesgos médicos.  La hipertensión del embarazo, conocida como frenesí o eclampsia,  los sangrados abundantes, y los trastornos endocrinológicos como la diabetes gestacional, son más frecuentes en embarazos en edades tempranas de la vida.

Terminar el trabajo de parto vía abdominal, por una cesárea, es otra de las consecuencias del embarazo en niñas, por falta de desarrollo de la pelvis o incluso por factores psicológicos.

A pesar de estos datos desgarrantes, el Estado no asume su responsabilidad de ofrecer métodos anticonceptivos a estas jóvenes que tienen vida sexual activa.  Las llamadas Farmacias del Pueblo de PROMESE, que se abastecen con medicamentos comprados con los impuestos de las y los contribuyentes dominicanos, es decir, con nuestro dinero, no venden anticonceptivos, ni  preservativos, ni píldoras del día después. PROMESE no considera el anticonceptivo  como un medicamento esencial.

Con políticas estatales ambiguas no es posible evitar los embarazos en adolescentes. Olvidaba que esto solo les pasa a las pobres, pues las que tienen recursos saben cómo prevenir un embarazo  o como librarse de él.  Solo las pobres empeñan su vida o  mueren, como Esperancita. Paz a sus restos