Willy Rodríguez era en sí mismo una Defensa Civil al servicio de la vida de la gente y era un ser humano entregado en cuerpo y alma al servicio público desinteresado para salvar vidas y propiedades, aunque ello implicara arriesgar su propia vida.

Este pasado sábado, en un solemne acto celebrado en Downtown Punta Cana, el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, nos entregó, a Rosendo Tavárez y a nosotros, la placa que designa con el nombre de Willy Rodríguez a la vía principal del Downtown Punta Cana, en un gesto de merecido reconocimiento póstumo, propiciado por el empresario Luis Francis Moreno, dedicado a la memoria del más destacado y exitoso director de radio que ha tenido el país en las últimas décadas.

Y es que Willy Rodríguez era un radiodifusor comprometido con la prevención y la mitigación de desastres, pues desde que cualquier centro de baja presión se formaba en aguas abiertas del océano Atlántico, de inmediato se comunicaba con nosotros para dar seguimiento a su evolución y a su posible trayectoria, siempre con interés de informar a tiempo a todo el pueblo dominicano sobre las zonas de posibles impactos y la magnitud de esos impactos, sin ánimo de alarmar, pero con mucho ánimo de informar de manera objetiva y oportuna, teniendo como eje central salvaguardar la vida de la gente, y tanto era así que para proteger la vida de mucha gente él mismo arriesgaba su propia vida movilizándose hasta los lugares de mayores impactos de las tormentas y huracanes, para informar, directamente desde allá, con su típica e inconfundible voz, pero con la ecuanimidad y la tranquilidad que le daba su larga experiencia en la narrativa de fenómenos naturales capaces de provocar estragos.

Fue así como el 11 de diciembre de 2007, al acercarse la tormenta subtropical Olga, Willy nos escuchó explicar en la emisora Zeta 101 que a partir de la medianoche esa tormenta representaba un peligro para la presa de Tavera porque el nivel del agua se encontraba en la cota 325 msnm, y que bajo un escenario de tormenta o huracán esa presa no debe estar por encima de la cota 320 msnm, por lo que era urgente desaguar parte del volumen de agua almacenado en la presa y desalojar a los residentes en las márgenes del río Yaque del Norte, desde Bella Vista hasta Rafey, y Willy no tardó 5 minutos en llegar a la emisora y cambiar toda la programación regular para montar una programación especial donde ambos alertamos a la población de Santiago y de la Línea Noroeste, programación que la extendió desde las 2:30 pm hasta las 10:30 pm, y aunque la negligencia de algunas autoridades del momento impidió el desagüe oportuno de la presa, y la evacuación oportuna de la gente, lo que provocó unas 300 vidas perdidas, entre muertos y desaparecidos, al día siguiente nos encontramos en Santiago con centenares de personas que le confesaron a Willy que se habían salvado porque escucharon alertas en la emisora Zeta 101 y entonces abandonaron sus casas ubicadas a orillas del río, diciéndole además, “ya no tenemos casa, pero tenemos la vida”.

Willy Rodríguez y nosotros llegamos en helicóptero a Puerto Príncipe, Haití, pocas horas después del gran terremoto ocurrido el 12 de enero de 2010, para, desde el aire, sin soporte de aeronavegación porque la torre de control había salido de servicio como consecuencia del terremoto, describir la mayor tragedia sísmica vivida por el planeta Tierra en los últimos 100 años, pues nunca antes un terremoto de magnitud 7 había provocado 316 mil muertes instantáneas, 350 mil heridos y 1.5 millones de damnificados fruto del colapso de unas 400 mil edificaciones construidas sobre los suelos arcillosos y arenosos de la porción central y de la porción occidental de la ciudad de Puerto Príncipe, tragedia que nos hizo entender que las grandes fuerzas sísmicas cortantes generadas por el lento desplazamiento de las ondas sísmicas de corte al viajar a través de suelos arcillosos, arenosos, y aluviales en sentido general, pueden destruir en segundos estructuras que han sido mal construidas sobre suelos flexibles, como el Palacio Nacional de Haití, y que esa negativa experiencia ocurrida en el vecino país occidental se podía repetir en el territorio nacional.

Willy Rodríguez era en sí mismo una Defensa Civil al servicio de la vida de la gente y era un ser humano entregado en cuerpo y alma al servicio público desinteresado para salvar vidas y propiedades, aunque ello implicara arriesgar su propia vida, y por eso para nosotros fue un gran honor recibir del presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, la placa que inmortaliza el nombre de Willy Rodríguez en el Downtown del polo turístico de mayor expansión y dimensión de toda la región del Caribe, y que por estar en el extremo oriental del territorio nacional es el primer lugar de potencial impacto de las tormentas y huracanes que siempre merecieron su atención buscando salvar vidas en nuestra población.