La columna de Miguel Guerrero

El presidente del régimen islámico de Irán ha repetido la  espeluznante amenaza: la cuenta regresiva de la aniquilación de Israel ha comenzado. La advertencia no puede tomarse a la ligera.

La razón es sencilla pues los iraníes desarrollan un programa de enriquecimiento de uranio que le permitirían muy pronto llegar a la bomba atómica.

La amenaza cobra fuerza ante el insólito e innegable hecho de que buena parte de los vecinos árabes de Israel han jurado también borrarlo del mapa. En efecto, los grupos terroristas Hamas, con el control del gobierno en la Franja de Gaza, y Hezbolá, en el sur del Líbano, se guían por el mismo propósito.

Es un caso único en la historia. Y sorprende la indiferencia de la comunidad de naciones ante tan descabellado objetivo. Nunca antes, ninguna nación o grupo étnico, como es el caso último de los extremistas palestinos, habían actuado con tanta libertad en la meta de destrucción de un estado organizado.

Jamás se le había negado a un estado moderno el derecho a existir en paz dentro de fronteras seguras y definidas. Se han librado grandes guerras entre naciones por distintas diferencias y circunstancias.

Pero desde el final de la Segunda Guerra Mundial no se había visto la intención oficial de un grupo de naciones de aniquilar a otra y eliminar a su pueblo arrojándolo al mar, como se pregona.

¿Tiene Israel derecho o no de defenderse? ¿Debe aceptar con resignación y sumisión tan macabro designio? ¿Podría condenársele si en el futuro actuara para evitar que dichas amenazas en su contra se cumplieran? ¿Por qué la comunidad internacional no reacciona ante esas irracionales manifestaciones de barbarie que amenazan la paz mundial? ¿Es acaso miedo al terrorismo o a un mundo sin petróleo? ¿Cómo actuaríamos los dominicanos ante una amenaza similar de un país cualquiera? ¿Cómo procederían nuestros vecinos ante una amenaza igual?