Vivamos alegres, es la única forma de contagiar el amor de Cristo. Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.
Si tú observas cualquier reunión humana, es muy típico observar que siempre que una personalidad más relevante que las demás, alrededor de la cual se centra la atención. La atención La suele acaparar no el más sabio, ni el más inteligente, sino la personalidad alegría irradia. El rostro sinceramente alegre parece que produce un efecto de imán en los más jóvenes ¿Por qué?


La alegría genuina se caracteriza por tres rasgos: proviene del interior, ilumina, es sencilla. En el interior del ser humano es donde se enfrenta la vida y se eligen las actitudes. Una vida de sentido es la que contesta a cada pregunta ¿Vale la pena vivir el día de hoy?, con SI entusiasta, porque responde pensando en alguien. El sentido de la vida se descubre cuando se ve rostro feliz a aquel a quien ama. Por ello la alegría proviene del interior, de la decisión personal de donarse a alguien. Y todos los que han hecho la prueba, tienen que aceptar que el resultado es positivo. Hay más alegría en dar que en recibir. La alegría como la luz, nos hace ruido, pero su silencio transforma la realidad. Por último la alegría viene de la mano con la sencillez. Nada de montajes artificiales, de disimular posturas para aparentar más de lo que uno es, ni de complicar las cosas con novedades excéntricas. El espíritu alegre lo se conoce tal cual es y no se campara con los demás.


Vivamos alegres, es la única forma de contagiar el amor de Cristo.
Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.