En este país se rompen todos los moldes. Una ley básica de la economía habla de la importancia de la competencia, de la concurrencia de varios agentes en una actividad económica, como garantía del buen servicio y la calidad de los bienes. En las telecomunicaciones ese principio no se da, a pesar de la ferocidad con que varias compañías luchan por liderar el mercado.

Cuando existía el monopolio en el área de la telefonía, disfrutábamos irónicamente de uno de los mejores servicios en el continente. En la actualidad la calidad de ese servicio va en descenso.

Las redes de la empresa líder, Codetel, se viene abajo a cada momento. Y comunicarse con un número de Orange es una odisea. Las flotas telefónicas que contratan para sus ejecutivos esas empresas son un desastre.

De cada diez llamadas que se hacen desde estos celulares cinco no responden y se caen automáticamente al tercer timbrazo y en por lo menos otras tres en el aparato móvil se lee “llamada falló” o una grabación nos dice que ese número “no existe”. Es desesperante y las fallas se dan en todas las demás, en igual o menor escala.

La situación es chocante porque la fuerte promoción de las empresas telefónicas mencionan grandes inversiones en tecnología y hay servicios tan novedosos que envidiarían los usuarios de naciones mucho más desarrolladas que la nuestra.

El problema consiste en que si bien se invierte mucho dinero en productos y en tecnología, no se le presta igual cuidado al servicio al cliente. Y ahí debe intervenir el Indotel, creado precisamente para garantizarle al usuario un servicio de calidad conforme a lo que se le cobra por ello.

Recordemos, además, que el costo de las llamadas depende de su duración. Cuando una llamada no entra, la grabación que uno recibe dilata adrede el tiempo que se contabiliza y factura. No es necesario que la telefónica le recuerde al que llama el número al que marcó y menos en cámara lenta.

mguerrero@mgpr.com.do

@GuerreroMiguele