El Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), una de nuestras más prestigiosas instituciones académicas, rindió un emotivo reconocimiento a Juan Bolívar Díaz, hoy sin duda alguna la más alta expresión del periodismo dominicano.

Juan Bolívar es admirable. Ha dedicado toda su vida profesional a la defensa de los valores democráticos y la justicia social, comprometiendo su propia seguridad física y la estabilidad económica de su familia.

Desde el inicio de su carrera la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a vivir con dignidad y sin temores ha sido invariablemente uno de sus nortes.

Comencé a tratarlo cuando era ya lo que es, sin que la cúspide a la que había escalado sin dobleces y muchos sacrificios, alterara su sencillez y humildad, dos de sus cualidades más valiosas. Si la emoción de verse acompañado de tantos amigos en ese merecido acto de reconocimiento le afectó por momentos su voz mientras agradecía la razón que nos reunía, su temblor  pareció por momentos en aquella  sala repleta de académicos y estudiantes, una colectiva sensación capaz de estremecer al más insensible de los presentes.

Su discurso fue un retrato de su vida; un apasionante relato de su infancia en el batey, los esfuerzos de su madre por sacarlo de aquel ambiente en esos duros tiempos de escasez y desesperanza en que la adversidad parecía dominarlo todo y la subsistencia era, para los muchachos como él, lo más próximo a un milagro.

Fue la oportunidad de educarse lo que en verdad cambió su vida y él lo confesó así al lamentarse de que sus compañeros de entonces quedaran postrados  en la pobreza, olvidados allí en los caseríos en donde engendró sus primeros sueños, con lo cual él, con la autoridad moral que se ha ganado, nos recordó la importancia de una educación de calidad que se le niega al país.

Qué grande hombre es Juan Bolívar, con qué gran tipo unió su vida Ada y qué valioso vientre el de esa madre allí presente