Acabar con la delincuencia matando a los pobres con balas, bombas, veneno…De  hambre, de enfermedades evitables, por falta de atención y medicinas, de hacinamiento, de insalubridad…

No importa. Cualquier método es válido en esta bendecida y financierizada era neoliberal.

Se trata de gente “fea”, mal vestida, hedionda, de “color”; no importa cuantas sean, aun representen la tres cuarta parte de la humanidad.

A su entender se trata de población “sobrante”, “superflua”, “innecesaria”  en esta luminosa post modernidad capitalista: microelectrónica, robótica, informática.

Población expulsada del empleo, la propiedad, la escolaridad y el consumo.

Gente –según su interesada percepción- “resentida” y “peligrosa”, que “envidia” a las ricos”, que se dedican a robar, matar y afear. Especie animal  “delincuente” alejada de toda condición  humana. Engendro de Satanás, al que el sistema le ordena consumir, pero no tienen con qué.

Jóvenes “culpables” por no conseguir ni trabajo ni escuelas. Niñas y niños de las calles. Ancianos exprimidos por el capital y sin pensiones. Adultos/as, que por carecer de salarios o ingresos fijos con que llevarles comida a sus hijos, deambulan con sus harapos y cuchitriles.

En fin, viveros de seres “malvados”, “intrusos”, ocupantes de potenciales paraísos asignados por EL Señor para el disfrute de los ricos y sus negocios inmobiliarios. Semilleros de “maldad” condenados al exterminio por la canalla neoliberal vestida de seda y perfumada con esencias exóticas.

Con licencia para robar costas, riveras de ríos, ensenadas impresionantes, bosques esplendidos, fuentes de agua, minas, puertos, aeropuertos, carreteras, tesoros históricos…

Con permiso para atracar, estafar, comprar policías y ejércitos y organizar sus guardias personales.

Con derecho a explotar, a sobre-explotar, a empobrecer, a discriminar, a excluir, a desalojar, a especular…

Con la exclusividad del ejercicio de la gran delincuencia: guerras de conquistas, desfalco de fondos públicos, contratos sobrevaluados, mercancías subvaluadas, evasiones de impuestos,  tráfico de influencias, comisiones, sobornos mayores, apropiación de recursos naturales ajenos, narco-negocios…

Con derecho exclusivo a la impunidad terrenal y a la salvación eterna en el reino del Dios Dinero.

Con derecho a exterminar la población “subnormal” e  “innecesaria”  que los “intranquiliza y  amenaza” con su pobreza. Don Malthus le quedó chiquito.

¡Ilusión pantera!

¡Misión imposible!

Por suerte

La indignación habrá de estallar

Pero mientras, para ellos son válidos todos los absurdos en su ambición de que la sociedad humana funcione a su manera, a favor de su grotesca opulencia y supremacía. El gran capital sobrevive engordando y actuando contra la humanidad, volcando su crisis crónica y multilateral contra seis millones de seres humanos.  Y por senil se ha tornado tozudo, militarizado y agresivo hasta la demencia.

“¿Acaso llaman  “funcionar” al hecho de que sea precisamente el crecimiento brusco de las fuerzas productivas, el que excluya a millones de seres humanos de la humanidad, teniendo que contentarse con sobrevivir en basureros? (Manifiesto Contra el Trabajo.-Robert Kurz, Norberto Trenkle y Ernesto Lohaff Del libro “Un mundo sin trabajo”. Editorial Driada 2004, México Pág.153)

Si, así es, que “funcione” para elites cada vez más elites… hasta que exploten las mayorías populares empobrecidas y barran con todos ellos.