Y han estado vivos en nuestros días, vociferantes y con los puños en alto, en todas las jornadas masivas de reclamos de respeto a la institucionalidad y de castigo a los corruptos.

En febrero de 2012, a propósito del Día Mundial de la Juventud, no quise hablar en abstracto de la condición juvenil, ni reproducir las monsergas laudatorias a la juventud, que en ocasiones la identifican como el componente menos consciente de una sociedad permanentemente envejecida, ni rememoré mis tiempos juveniles, cuando a partir de los 14 años asumí, apenas muerto Trujillo, mi primer sueño guerrillero, aquel que a los 16 me llevaría al exilio que me hizo prematuro adulto…

Nada de eso.

Ese día escribí del más importante paradigma histórico de la juventud dominicana, que en Santiago se lanzó, cargada de pureza y de conciencia, a luchar contra el feroz régimen trujillista, sin que nadie les trazara una ruta ideológica; sin que ningún líder adulto los organizara para una lucha de la que fueran simples adherentes: «Los Panfleteros».

Escribí entonces lo que hoy repito…

Para que se sepa y no se olvide: En enero de 1960, en Santiago, 38 jóvenes ofrendaron sus vidas en lucha contra la tiranía –«Trujillo es una mierda», decía el panfleto entregado por debajo de las puertas de los hogares en los que moraba el miedo en duermevela–. Este lunes Santiago les rindió reverente homenaje a quienes hoy hubieran celebrado el Día de la Juventud como debiera celebrarse: no con insulsos discursos burocráticos, sino con transparente rebeldía contra la imposición del atraso y del olvido.

Pero más de ocho años después debo hacer algunas correcciones a lo escrito:

En enero de 1960 aquellos 38 jóvenes procedentes de las raíces más profundas de su pueblo no murieron. No. Empezaron a vivir para siempre en su legado…

Estuvieron vivos en la lucha contra los remanentes del régimen que con valentía ejemplar ellos denunciarán, sembrando amplia conciencia con su ejemplo. Estuvieron vivos, muy presentes, en el amplio movimiento popular que, tras la caída de la dictadura, demandaba democracia verdadera para todos. Estuvieron vivos, con las armas en las manos y junto a Caamaño, en la lucha por la constitucionalidad y contra el yanqui invasor. Estuvieron vivos e irreductibles en la lucha abierta y clandestina contra el despotismo balaguerista cargado de doradas charreteras…

Y han estado vivos en nuestros días, vociferantes y con los puños en alto, en todas las jornadas masivas de reclamos de respeto a la institucionalidad y de castigo a los corruptos. Y hoy, cuando les preguntamos a esos miles y miles de jóvenes, desde la Marcha Verde hasta la Plaza de la Bandera, sobre un sistema político que en 60 años no ha dado respuesta a esas demandas históricas de democracia y justicia que arrancan allá a principios de los sesenta, la respuesta es la misma: «Es una mierda».

¿Ven que aquellos 38 muchachos están vivos?

(Sacado del libro: A los 60 años: dos panfleteros de Santiago contra un régimen tiránico, página 125).