La consecuencia ha sido la división y la derrota electoral de una organización creada para organizar y concientizar a las masas, para crear un modelo armónico de desarrollo de la sociedad dominicana.

Uno de los principales problemas que tienen los partidos políticos dominicanos es la ignorancia que acusan o cargan consigo la mayoría de sus miembros y simpatizantes sobre la historia de los orígenes y desarrollo de su organización.

Desconociendo la evolución de sus organizaciones y de sus dirigentes, sin haber relacionado esa evolución con la historia local y la internacional, sin entenderla, sin hacer conciencia del presente producido o generado por la historia, las personas vinculadas a los partidos se comportan caóticamente.

Así se confunden y se dejan manipular las mayorías, se masifican, y se evita que utilicen la conciencia como freno para evitar comportamientos erráticos de los dirigentes de los partidos.

Es que la ignorancia es dañina. Obstaculiza un sano desarrollo organizacional y pone obstáculos al ejercicio de las funciones públicas y al servicio que se debe ofrecer a los ciudadanos que han confiado en los partidos políticos.

La falta de conciencia de la mayoría sobre la historia de sus organizaciones partidarias es una debilidad del sistema democrático de gobierno después de sesenta años del fin de la dictadura trujillista.

En el caso del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, la masificación y el populismo crearon una brecha de conocimiento histórico entre sus dirigentes y las masas que votaban por la organización durante los últimos treinta años.

Fue un peligro sobre el cual Juan Bosch alertó de muchas maneras en sus obras.

La consecuencia ha sido la división y la derrota electoral de una organización creada para organizar y concientizar a las masas, para crear un modelo armónico de desarrollo de la sociedad dominicana.

De la ignorancia se ha llegado a la pérdida del orgullo de haber pertenecido a una organización que, a pesar de los errores cometidos en el ejercicio del poder, ha contribuido a propiciar importantes logros económicos y sociales para el pueblo de la República Dominicana.

En mi artículo anterior había sugerido la urgencia de “Una autocrítica donde no cabe el cinismo” y me refería a que el Papa Francisco en un encuentro con 500 mujeres y hombres pobres de todo el mundo celebrado el viernes 12 de noviembre en Asís, Italia,  había dicho que es tiempo ya de que se abran los ojos para darnos cuenta del estado de desigualdad en que tantas familias viven, además de que dijo que será un final triste para la humanidad si los líderes se empecinan en crear conflictos en vez de propiciar el diálogo y el encuentro para solucionar los graves problemas que afectan a la gente.

También recordé lo que para los empresarios y políticos el conocido periodista Antonio Galdo indicó en un libro sobre la cuestión de si la clase dirigente será capaz de tener la visión para conducir por el mejor camino a la sociedad.

Sostengo yo que la crisis sanitaria desatada por el virus COVID 19 les ha quitado la ropa al cinismo y a la hipocresía en que se ha vivido durante estos tiempos, y ha puesto al desnudo las profundas diferencias sociales y económicas que sufren miles de millones de seres humanos.

La ausencia de una solidaridad efectiva, la falta de caridad, el egoísmo, es lo predominante.

Apliquemos esto también a la sociedad dominicana y muy especialmente a sus dirigentes políticos y empresariales.

En todas las organizaciones, y por supuesto también en el Partido de la Liberación Dominicana, deberá producirse una autocrítica donde no cabe el cinismo, si es que pretendemos alcanzar o buscamos un presente y un futuro de libertad y auténtico desarrollo, bienestar y progreso para los pobres y todos los demás ciudadanos de este país.