Vivimos en una sociedad que habla con miedo de las enfermedades mentales. Por falta de educación, por falta de dar visibilidad a esta problemática, no se le da la importancia que requiere incluso a nivel estatal.

Según la OMS en República Dominicana el gasto en salud mental apenas alcanza los 4.7 pesos por persona, una de las más bajas inversiones en América latina y el Caribe, en comparación a otros países que la media es entre 80 y 90 pesos por persona.

Somos un país alegre, con muchísimos recursos a nivel mental para poder subsistir a las precariedades diarias que la mayoría de los cuidadnos tiene que pasar para terminar el día.

Puede que estemos muy ocupados en darle más importancia a otras cosas, como por ejemplo al empleo, seguridad ciudadana, economía, etc. Pero resulta que, en esa lucha y búsqueda constante de sobrevivir, la salud mental se puede ver en muchos casos afectada, y al no tener los recursos adecuados, ni el apoyo económico, más la estigmatización a este tipo de enfermedades, al final cuando se contacta con un recurso a lo mejor se ha convertido en algo crónico y que ha repercutido en el paciente de una forma negativa en su día a día.

Vivimos en una sociedad que no quiere reconocer las adicciones como una enfermedad crónica.  A los pacientes con problemas de adicciones no se les acoge dentro del sistema sanitario de la salud mental de la forma correcta; es más, se le persigue, se le tacha de una persona sin valores, y nada más lejos de la realidad. Son enfermos y como tal requieren respeto y ayuda.

Si cambiamos esta manera de pensar, ganaríamos todos como sociedad, que se ha quedado atrás en dar importancia a la salud mental, por las circunstancias ya expuestas.

Pero me pregunto…

1- ¿Realmente no podemos darle más importancia a la salud?

En general, la salud en República Dominicana es una materia pendiente. Es penoso trabajar en un hospital público y no tener medios para salvar vidas, porque para eso estamos los médicos, pero necesitamos medios.

Pobre del pobre que necesite ser atendido de urgencia en un hospital. Pobre de aquel niño que murió en mis brazos por no tener una adrenalina y una ambulancia a tiempo.

Parece que es más importante la tecnología que la vida misma. Sin salud no somos nadie.  Si no educamos en la prevención no cambiará nada, al contrario, seguiremos sobreviviendo y rezando “que nunca nos toque acudir a un hospital púbico, porque es la muerte segura”.