Los científicos han “fabricado” armas secretas, no visible, pero bastante certera y poderosa para combatirla; es un medicamento, que se inyecta; una vacuna; impide que el Covid ataque, enferme, que fallezcan.

Hoy, muchos achaques y males de la población se lo atribuyen al coronavirus y hasta a las vacunas, preparadas para combatirlo.   No conocemos los orígenes de esta pandemia ni como invadió el mundo con tanta rapidez, pero de inmediato, basados en los síntomas y efectos, las reacciones han sido variadas.

Ante su sorpresiva llegada, los gobiernos, con las manos en la cabeza y mirando alrededor, buscaban que hacer; médicos y científicos del mundo, se encerraron en laboratorios a preparar medicamentos, buscando contrarrestarla; el pueblo, especula; los partidos políticos la esgrimían de una u otra forma; para los chismosos, es un tema nuevo y común, no cesan de opinar: el vecino tiene síntomas, tose mucho, murió fulano, la mascarilla, no salga, etc.

Lo cierto es que el Covic llegó y cual bailarina, se ha apoderado del escenario; sin proponérselo está cambiando la vida económica, social, educativa, cultural y política; también el comportamiento, la recreación, modas, accesorios; así como las actitudes, acciones y prioridades tanto de los gobiernos, como de las familias, individuos, de la sociedad en general.

En verdad, la pandemia llegó pellizcando, enfermando, asfixiando y hasta matando; parecería que su objetivo era llamar la atención del mundo y cambiar el rumbo de la humanidad. Lo está logrando. La población busca como defenderse, controlar, eliminar esta enfermedad. Los científicos han “fabricado” armas secretas, no visible, pero bastante certera y poderosa para combatirla; es un medicamento, que se inyecta; una vacuna; impide que el Covid ataque, enferme, que fallezcan.

Las vacunas, las han producido en China, EU, Reino Unido, Alemania, etc.; actualmente, tenemos la SINOVAC, Pfizer, Moderna; Astrazenaca, etc.; gobernantes del mundo la buscan para   facilitársela a la población, para impedir su entrada silenciosa al organismo del individuo. Hay fe en ellas; es un cerrarle las puertas a la enfermedad.

Actualmente, la atención continúa centrada en el coronavirus y las vacunas; inmunizarse produce gran alivio; absorbe parte del presupuesto, es prioridad. De ahí que, se les imputa la crisis económica, desempleo, deudas, paralice de la vida social. A la vacuna en sí, le atribuyen efectos negativos como piel reseca, dolor corporal, desgane sexual, arrugas, depresión, etc.  Cuentan que recientemente, a padres de piel oscura, les nació un hijo rubio, con ojos azules; la madre se lo atribuyó al efecto de la vacuna. ¡Ofrézcome!

Con la vacuna nada es seguro; debemos seguir con el odioso distanciamiento y la mascarilla. Con excepción de que controla el coronavirus, pocos hablan de otros efectos positivos. En mi caso, luego de aplicarme la segunda dosis, confieso que luzco de lo más “bonitica”, camino con seguridad, sonrió con frecuencia, la naturaleza la veo más  linda, espléndida. Pero aun sintiéndome complacida, al punto de creer en mi renovada belleza, no dejan de asaltarme dudas ante esta realidad tan incierta.