El testimonio de una dama.

Al contrario de lo que nos muestran la cultura y los medios de comunicación, la belleza de una mujer no se encuentra en su apariencia externa. En todo momento estamos bombardeadas con publicidad de productos que se supone nos harán más hermosas, ¡como si no lo fuéramos tal cual somos! Cremas para ocultar o eliminar las arrugas; peinados; joyas; prendas de vestir; tintes para teñir el cabello y ocultar el gris de las canas. Y como si todo esto fuera poco nos recetan máscaras que tapan nuestras caras reales y nos hacen más atractivas.

Pero ni a la larga ni a la corta esto realmente importa. Y no es que sea malo en sí mismo, pero nuestra actitud tras ello si lo puede ser, ya que la necesidad por vernos más atractivas se puede convertir algo imperioso u obsesivo. Si este es tu caso, puede ser que no estés conforme con lo que realmente eres. El deseo de Dios es que nos preocupemos por nuestro interior, el verdadero nosotros, y el único lugar donde la belleza es real.

Tener una cara bonita, una figura perfecta, y todos los accesorios que van junto con ella, no significa nada a la luz de la eternidad, solo refleja la cultura en que vivimos, y nosotras debemos desafiar a la cultura y a las modas que nos impone el mundo.

Luego de tener a mi hija me di cuenta de los tipos de juguetes que había disponibles para las niñas. Mucho tiene que ver con la 'belleza' y 'glamour', entonces me tuve que preguntar a mí misma qué tipo de mensaje deseaba enviarle.

Amiga, deja de preocuparte tanto por tu apariencia externa y concéntrate más en lo que llevas dentro. Permite al Espíritu Santo embellecer tu interior. Cuando tengas la belleza de Dios en tu corazón, ella se reflejará externamente, y entonces no necesitarás cremas y maquillaje para verte hermosa, ya que tendrás la belleza natural de una Princesa de Dios.

"Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada" (Proverbios 31:30).

Señor, permite que tu belleza se refleje en mi interior, esa belleza que emana de una vida santa, no me dejes vivir preocupada por cómo se ve mi exterior, sino más bien por cómo me veo internamente. Amén.

 Fuente: Palabra de Aliento.