Campañas electorales sucias existen en la mayoría de los países democráticos. Nunca son atribuibles a un candidato de un partido, pues se busca a un tercero para que la haga, ya sea un partido aliado, un grupo de presión o periodistas individuales.

Nosotros tenemos larga historia al respecto. Las primeras elecciones libres después de la caída de Trujillo coincidieron con la crisis de los misiles en Cuba de septiembre de 1962, trasladándose la guerra fría al Caribe.  Se acusó falsamente a Juan Bosch de ser comunista. El candidato opositor, Viriato Fiallo, de la Unión Cívica Nacional (UCN) durante la dictadura  había encontrado refugio en los ingenios de los Vicini. Los letreros de la UCN fueron embadurnados colocándose la letra “i” después de la u, la c y la n para que en vez de UCN leyesen UICINI, insinuando que era instrumento de esa familia.

En 1966, con apoyo de la CIA, el FBI y las tropas americanas, las fuerzas armadas dominicanas amedrentaron a Juan Bosch para que tan sólo pudiera utilizar la radio, sin salir de su casa. En el interior los militares americanos  decían a los campesinos que Washington tan sólo podría seguir dando comida y empleos  si Balaguer ganaba.

En 1996 un partido político aliado al PLD, la Fuerza Nacional Progresista, acusó a José Francisco Peña Gómez de querer unificar la isla con Haití, dada su ascendencia haitiana, utilizando el racismo y un falso nacionalismo como instrumento de campaña. Hoy día un funcionario de ese partido, Director de Migración, entrega permisos de trabajo a los haitianos que cruzan la frontera.

En el 2004, un día antes de las elecciones se falsificó la voz de Leonel Fernández para dar la impresión de que estaba en algo corrupto buscando no darle oportunidad para negar que esa fuera su voz. Eso es típico de las campañas sucias, hacer algo a último minuto para evitar la respuesta.

Actualmente existe campaña sucia tanto contra Hipólito Mejía como contra Danilo Medina.  En el primer caso, partidos aliados al PLD, a través de continuos programas televisivos y artículos de prensa, plantean falsedades. La más reciente fue cuando Mejía, agrónomo, viajó a un congreso de agro-empresas, en este caso la expo-agro tuvo lugar en Culiacán, en el Estado mexicano de mayor producción agrícola, Sinaloa. Se juntó con Carlos Slim, el empresario más rico del mundo. La campaña sucia fue decir que había viajado a Sinaloa para juntarse con los capos de la droga que tanto abundan allí y que también operan aquí.

En el caso del PLD, como es difícil encontrar con qué embarrar a Danilo Medina y dado que, según las encuestas, su compañera Margarita Cedeño de Fernández es muy popular, y dado que estas indican que existe una muy alta percepción de que en ningún gobierno ha existido tanta corrupción como en el actual, algo que, también según las encuestas, hasta muchos peledeístas admiten, la campaña sucia plantea que ella tiene mucho dinero en Dinamarca y Suiza.

Desde hace un tiempo en el mundo bancario existe el concepto de “Politically Empowered People” (“gente con fuerza política”), cariñosamente conocidos como los “PEP”. La banca difícilmente les abre cuentas. En Suiza hasta se han congelado los fondos de “Baby Doc” Duvalier. El yerno del rey de España tuvo que esconder dinero en paraísos fiscales como Belice. Con esto no quiero decir que políticos dominicanos no tengan dinero fuera del país, pero difícilmente a título personal, sino a nombre de alguna empresa, o amigo y no en bancos europeos de primer orden.

¿Qué ocurrirá ahora? Se estudiarán contratos de obras sobrevaluadas de este gobierno y el de Mejía. Se fotografiarán casas majestuosas de políticos peledeístas, perredeístas y reformistas. Se intensificará el uso del twitter y de periódicos digitales. ¿Cómo afecta al voto la campaña sucia? Las encuestas todavía no han medido eso.

Lo que sí convendría sería un debate entre Mejía y Medina.