De las caracteristicas que tuvo la administración del ex presidente del Brasil, Lula Da Silva, quizás la más sobresaliente fue la capacidad de innovación de los conceptos y procesos de gestión, tanto en los aspectos sociales como económicos.

Esa capacidad de innovación fue impulsada por el serio compromiso político del liderazgo de Lula con los objetivos de superación de la pobreza, igualdad social e inclusión económica.

Haciendo una analogía con la situación actual, República Dominicana debería vincular estrechamente la política social a la política económica.

Para eso el Estado Dominicano debe ser gestionado de otro modo: hay que innovar tanto la concepción de la administración pública como la capacidad de gestionar con eficiencia, de establecer registros y parámetros confiables y actuar con el más absoluto apego a la pulcritud en el manejo de los fondos.

Para que esta expectativa se vea cumplida se requieren cambios muy importantes que tendrían impacto directo en la vida de nuestra población, en el tamaño y dinamismo de la economía y el la calidad del gobierno.

Precisamente, este tipo de enfoque y compromiso es lo que necesitamos si queremos que la sociedad dominicana avance y comience a resolver problemas ante los cuales la administración pública y los liderazgos políticos se han comportado como si no hubiese soluciones posibles