Pero en la reunión del G-7 quedó la gran interrogante, que nadie quiso citar públicamente, sobre si Trump podrá volver o no ser presidente norteamericano dentro de tres años.

El presidente Biden se reunió la semana pasada bajo el G-7 con sus pares europeos y el de Japón así como con la reina de Inglaterra. ¿En medio de todos los titulares habrán aprobado algo que beneficia a nuestro pequeño país?

El compromiso de hacer llegar hasta un billón de vacunas al tercer mundo es muy positivo. Aquí se aplica el viejo adagio de que más vale tarde que nunca. Pero la verdad es que China y Rusia se fueron delante y se beneficiaron de esa política. Nuestro país cuenta con una cuota de vacunas bajo el programa Covax, de la Organización Mundial de la Salud (OMS) el cual se ha visto muy perjudicado por el gran acaparamiento de vacunas por parte de los países ricos. Como el billón de vacunas se distribuirá a través de Covax suponemos que por fin recibiremos lo que falta de nuestra cuota. Pero Haití no ha recibido vacuna alguna y como el billón es para los más pobres, es seguro que por fin los vecinos podrán vacunarse, lo que beneficiará mucho a los dominicanos, dado el movimiento fronterizo hacia nuestro país.

El G-7, como parte de sus esfuerzos para ponerse al día con la competencia china, también aprobó una alternativa a la “ruta de la seda”, con un programa de financiamiento de infraestructuras en países pobres, pero “verde” y democrática. Algún día se sabrá qué proyectos bajo la “ruta de la seda” le propuso Pekín a Danilo Medina y a Luis Abinader, si programas de Huawei para el 911, el puerto de Manzanillo, o nuevas plantas de gas. Pero la realidad es que hasta la fecha nada se ha concretizado y ya Abinader ha declarado que no se aceptarán proyectos chinos para puertos, aeropuertos o telecomunicaciones.  Pero para los Estados Unidos le es difícil competir con China en el financiamiento de proyectos, pues no cuenta con una adecuada infraestructura financiera. El Eximbank tan solo financia exportaciones americanas y no gastos locales; el USAID sí los financian pero tiene muchas dificultades.  La mejor prueba está en el caso del BID donde China ha ganado muchos concursos para proyectos de infraestructura en América Latina, pues es muy fácil para el gobierno chino asignar un proyecto a una empresa estatal y también asignar el financiamiento a otra institución mientras que en el caso norteamericano tendría que ser el sector privado el que se interese.

Igualmente aplicable a nuestro país fue la decisión del G-7 de eventualmente salir de la producción de energía utilizando carbón. La oposición norteamericana y japonesa evitó que se fijara una fecha para esa prohibición, pero lo cierto es que no será tan fácil encontrar quien compre a las Catalinas, que operan con carbón, sobre todo en Europa. Una fuente confiable nos informó que el costo de conversión de carbón a gas natural en el caso de las Catalinas implicaría una inversión adicional equivalente a tan solo un 10% del costo ya invertido y que esa plata se recuperaría a través de costos más bajos, lo que significa que esa conversión se justificaría no solamente en términos medioambientales sino también financieros. No fue culpa de Danilo Medina la decisión de que la planta fuese de carbón, pues en ese momento no había gas natural disponible para la región del Caribe, pero definitivamente sí es culpable de haber decidido que se construyese una planta estatal, cuando en ese momento existían alternativas de proyectos privados, lo que le hubiese economizado al país mucho incremento en la deuda externa, posible corrupción y el hecho de que todavía a estas alturas las Catalinas no operan bajo una compañía, pues esta no ha sido creada, no cuenta tampoco con estados financieros y mucho menos auditados y mantiene todavía conflictos con las empresas que las construyeron.

Finalmente vale citar el énfasis en el G-7 sobre los derechos humanos. Aunque dirigido a China y Rusia es indudable que esa actitud se reflejará en la posición norteamericana con relación a Nicaragua, Venezuela y Cuba.

Pero en la reunión del G-7 quedó la gran interrogante, que nadie quiso citar públicamente, sobre si Trump podrá volver o no ser presidente norteamericano dentro de tres años.