Llega otro 14 de febrero contaminado de anuncios y promociones que nos invitan a gastar dinero para expresar el amor a los que más queremos.

Más que para ponerme en contra de ella, quiero aprovechar la fecha, para decir  que no hay que gastar dinero para que los demás conozcan de nuestro amor por ellos, todo lo contrario, que las cosas que más necesitamos de los otros no se pueden comprar en una tienda, joyería o plaza comercial.

Quiero aprovechar la fecha, ya que se nos impone, para importantizar la amistad como sistema de apoyo y de crecimiento para los seres humanos. Incluso, es uno de los aspectos que los terapeutas evaluamos como indicador de salud mental, esa capacidad de tener amigos, conversar, comunicarse sobre temas emocionales, tener una red de apoyo para las situaciones difíciles y la posibilidad de desarrollar la solidaridad y la empatía hacia otros, ya que es un camino de doble vía.

Este sistema cultural al que respondemos no les enseña a los hombres a abordar su mundo emocional de manera individual, mucho menos conversarlo con otras personas.

Los hombres pueden estar pasando por momentos difíciles a nivel familiar, laboral, de salud, de pareja y sus “amigos” no se enteran.

Pueden pasarse horas hablando sobre política, pelota, carros, mujeres, pero casi nunca hablan sobre ellos mismos y las situaciones dolorosas que viven.

Con frecuencia recibo hombres en la consulta que me dicen, “vengo donde usted porque no tengo  nadie con quien hablar sobre esto”, refiriéndose a los mismos problemas que todos los demás mortales confrontan cotidianamente.

En días pasado conversaba con un amigo sobre estos temas y me decía que incluso cuando un hombre se atreve a hablar sobre lo que le ocurre más de una vez en un grupo de “amigos”, es común escuchar frases como” ahí viene de nuevo a hablar de lo mismo”, “suelta eso”, lo cual hace que no vuelva a poner el tema.

En otra ocasión ofreciendo un taller a hombres y mujeres sobre violencia, un jovencito de 18 años dijo exactamente estas palabras: “los problemas de los hombre se resuelven con un pote y dos mujeres”.

Si un hombre esta sufriendo por una situación difícil sobre todo por un asunto amoroso no lo puede decir, pues es criticado y tildado de “mamita” por sus amigos, que también sufren y no se atreven a comunicarlo y como una manera de convencerse a ellos mismos de que así funcionan las cosas, reaccionan de esta forma con sus amigos.

Es mucha la presión que reciben los hombres en este sistema.  Tienen que producir mucho dinero, pues se  validan en su condición de proveedores económicos. Tienen que  conquistar muchas mujeres, pues eso se llama ser macho. Tienen que  responder sexualmente siempre, pues si no se sospecha de su masculinidad. Su mayor fuente de preocupación es el trabajo y la idea de éxito esta construida en estos términos.

Esta es la razón por la que cada vez los hombres tienen una salud más deteriorada, por eso sufren infartos del corazón cada vez más jóvenes, por eso comen y toman alcohol en exceso, por eso se suicidan frente a los problemas económicos y matan a sus parejas si ellas los dejan.

Un ser humano que sufre y no lo puede decir es una bomba de tiempo.

Este es el gran aporte de la amistad, la posibilidad de hablar, de recibir y dar sostén, de llorar, de retomar fuerzas y saberse acompañados en la debilidad y todo esto se vale para las mujeres y los hombres pues con el MACHISMO NADIE GANA.