Gracias por tu legado, gracias infinitas, gracias por tanto y gracias porque naciste en Quisqueya. Nos enseñaste a tener orgullo Dominicano a través de la música, de tus aportaciones políticas y personales en beneficio del bienestar común. 

Nacer y no tener nada que comer, que calzar,  como miles de niños que lamentablemente han vivido de esta forma y que aún existen, es sin duda una violación a lo acordado en la Convención sobre los Derechos de los Niños y niñas, Noviembre de 1989.

En esta convención en el Artículo 18: Responsabilidad de padres y madres: "Es responsabilidad primordial de padres y madres la crianza de los niños y es deber del Estado brindar la asistencia necesaria en el desempeño de sus funciones".

Juan de Dios Ventura Soriano nació el 8 de Marzo, en el 1940. Su juventud trascurrió durante la dictadura de aquel entonces, y el merengue era un género rural. Su carrera musical se estancó, como lo admitió varias veces, porque los artistas tenían que dedicar su trabajo al “chivo” y no me extraña,  para aquel entonces alguien con valores no servía al tal “Monarca sin corona”, como el título del libro de Euclides Gutiérrez Félix.

Por más que leo, escucho testimonios cercanos sobre nuestra reciente perdida como país. Me quedo sin palabras y por ende difícil qué plasmar en este artículo, porque aún desde la distancia tengo el corazón encogido y en modo negación sobre su muerte, porque no me imagino una República Dominicana sin el hombre  que enalteció este género musical. Gracias a él, el mundo nos conoció por nuestra música y como el país del merengue.

Definitivamente el merengue está en silencio,  sin tener nada y tenerlo todo, él fue lo que fue por su talento y humildad, responsabilidad por tener valores fundamentales que se mantienen a través del tiempo  como la mejor herencia, y que trasmitió a sus descendientes y a todos a los que en algún momento apoyó sin pedir nada a cambio, y doy fe de ello, gracias infinitas.

Gracias por todo, gracias a tu madre, doña Virginia Soriano. Como decimos aquí,  “¡Qué viva la madre que te parió!” que sin  lugar a dudas fue la responsable del gran ser humano que fuiste. Dejaste una huella en todos los que tuvimos la suerte de tener contacto contigo o aquellos que viven tu pérdida como si fuiste parte de su familia, porque al final nos enseñaste eso, lo unidos que podemos ser y la gran familia dominicana que somos. Pero sobre todo, eres un ejemplo de superación para esos niños que a día de hoy siguen descalzos, que a duras penas sobreviven en un estado que debería tenerles como prioridad y acompañarles en el proceso de desarrollo. 

Cuando murió el chivo se hizo una fiesta de alegría, porque se inició una época de libertad, fue una victoria del pueblo; Pero cuando murió el caballo se hace una fiesta de tristeza porque ya nunca volveremos a escuchar esa sonrisa contagiosa y ese ritmo que nadie luce y expone con tanta altura y elegancia; por eso serás siempre el merengue, la honradez y nuestro DOMINICANO HASTA LA TAMBORA.

Se dice que la muerte es la máxima expresión de lo que fuimos en vida y el otro día volviste a hacer historia.

Gracias por tu legado, gracias infinitas, gracias por tanto y gracias porque naciste en Quisqueya. Nos enseñaste a tener orgullo Dominicano a través de la música, de tus aportaciones políticas y personales en beneficio del bienestar común.

Aquí te esperamos, porque si volvemos a nacer te queremos de nuevo en tu querida tierra para disfrutar con alegría tu existencia.

“No hay causa que merezca más alta prioridad que la protección y el desarrollo del niño, de quien dependen la supervivencia, la estabilidad y el progreso de todas las naciones y, de hecho, de la civilización humana”

Plan de acción de la Cumbre Mundial a favor de la infancia, 30 de Septiembre de 1990.