Es posible juntar a mujeres y hombres sensibles que necesariamente se identifican con las causas justas que benefician a todas y a todos los que hoy están llevando una existencia de penurias.

I.- Ante la realidad, recortar aspiraciones no es claudicar

1.- Ante la realidad de los hechos, de no poder lograr lo deseado, y tratar de alcanzar lo posible, no es declararse vencido, sino ser realista; ajustarse a lo realizable y no a lo inviable.

2.- La tendencia de nuestra voluntad a conseguir algo, es una aspiración legítima que responde a un ideal, pero no siempre lo anhelado puede ser llevado a cabo.

3.- En nuestro país, son muchos los ciudadanos y las ciudadanas, que quieren y han luchado para que su patria esté integrada por una población de personas felices, contentas por tener una agradable existencia material y espiritual.

4.- Pero esos mismos conciudadanos, se han dado cuenta de que, por ahora, el pleno progreso social, no es ejecutable por factores que escapan a sus vehementes deseos.

5.- Se nota una gran distancia y diferencia entre los logros que las fuerzas democráticas pensaron presenciar para bien del pueblo dominicano, y la desgracia que miran con pena.

6.- Esa vida de bienestar para todas y todos, que llenos de juventud deseamos para lo que en verdad se llama pueblo, hoy en la tercera edad comprobamos que, en corto tiempo, no será factible.

II.- Abrazados de hermosos ideales

7.- Abrazados de los más tiernos y puros ideales, nos imaginábamos ver a las niñas y a los niños en sus escuelas, recibiendo igual y fina educación, todo cubierto por el Estado.

8.- Cada día veíamos más cerca la ocasión de estar compartiendo alegremente, con los ancianos en sus centros donde tenían todo garantizado, desde alimentación, servicios de salud y espacios de diversión.

9.- Porque suponíamos estar en un orden social perfecto o llevadero, nos imaginábamos vivir en nuestro país departiendo en camaradería, franca hermandad.

10.- Esos jovencitos y jovencitas de ayer, ya hoy ancianos, no éramos románticos, soñadores despiertos ni ilusos. Creíamos que un mundo lleno de humanismo era y es deseable y posible.

11.- En todo suceso de la vida nacional dominicana, en los cuales se ha bregado en lo político y social por un mejor país, ahí han estado las jovencitas y los jovencitos del pasado, armados de firmes convicciones; apegados a principios acordes con su ideario y convencidos de lo justo de su lucha.

III.- Alcanzar lo posible

12.- No es cuestión de que la pasada generación está cansada, debilitada o frustrada.  Es que la práctica de la vida les ha enseñado que, ya hoy, no es posible convertir los ideales en realidades, verlos materializados.

13.- Es fatal actuar con testarudez en la actividad política, porque, a fin de cuentas, la realidad de los hechos vence cualquier forma de empecinamiento. Más que deposición de ánimo, ceder ante el adversario, o acomodarse a las circunstancias, se impone lo que existe, lo real, lo verdadero y objetivo.

14.- En la presente coyuntura política y social, lo que nos enseña la realidad de nuestro país, es que, por ahora, las fuerzas motrices interesadas en cambios estructurales, no están en condiciones de llevar a cabo una modificación de la situación que mantiene al pueblo dominicano en estado de opresión material y espiritual.

15.- Sin renunciar a las ideas renovadoras, ni a las legítimas y justas demandas, lo que procede es unificar voluntades alrededor de un programa que recoja las reivindicaciones inmediatas y más sentidas por el pueblo.

16.- Está dentro de las posibilidades de los hombres y mujeres del país, que aspiran a una mejor existencia para el pueblo, reclamar, exigir lo que es indispensable para el ser humano mantener una vida con dignidad.

17.- Se hace necesario unir justas aspiraciones, sumar a los sectores que aquí desean cambiar, aunque sea en parte, la amarga situación que padece la población pobre.

Ideas finales

18.- Es posible juntar a mujeres y hombres sensibles que necesariamente se identifican con las causas justas que benefician a todas y a todos los que hoy están llevando una existencia de penurias.

19.- No hay duda de que juntos, aquellos que son realistas están en condiciones de alcanzar, no todo lo deseado y lo que las masas populares merecen, pero si lo que, mientras tanto, se puede obtener.

20.- Se impone, el momento indica que la ocasión es adecuada para que, sin importar edad o pensamiento político, mujeres y hombres de ideas renovadoras accionen para hacer viables cambios económicos y sociales que indiquen la llegada de un nuevo amanecer para el país.

21.- Sin renunciar a las creencias ideológicas que sirven de base a la liberación de la especie humana de toda clase de opresión, es necesario dar los pasos que permitan transformaciones reales.

22.- No hay que caer en la falta de esperanza. Por el contrario, debemos hoy, al igual que ayer, mantenernos llenos de optimismo, con la firme creencia de que un país diferente al actual es posible, con el concurso de los mejores dominicanos y dominicanas.