En Colombia los titulares fueron el anuncio de que la clasificadora Fitch había reducido la valoración de sus bonos soberanos a la categoría de BB+, nivel que implica que son “bonos chatarra” o “junk”, peligrosos para los que colocan sus fondos en esas obligaciones.

Luce que el gobierno va a reducir y tal vez eliminar el toque de queda para que la población pueda volver a actuar libremente tal como lo hacía antes de la pandemia.  Si los llamados “teteos” ya florecieron bajo un toque de queda, es fácil imaginar las manifestaciones de júbilo cuando la población sepa que ya no tiene que moverse bajo restricciones. Las celebraciones serán amplias, diversas y bullosas. Cuando desapareció la otra pandemia, la mal llamada “fiebre española” de 1918, fue seguida por lo que se llamó “los locos años veinte” (en inglés roaring twenties), una esquizofrenia de bailes como el charlestón y el foxtrot.

En el campo geopolítico es fácil pronosticar que China invocará su propia versión de la Doctrina Monroe norteamericana de principios del siglo XIX. En aquella ocasión Washington advirtió a los europeos que no podían incursionar en América Latina y el Caribe. Ahora lo hará China, advirtiendo a los norteamericanos y también a los europeos, que no podrán oponerse a su control sobre Hong Kong y Taiwán ni sobre su creciente influencia en las Filipinas, Corea del Sur y Japón.

El tema económico del momento es cómo reducir la inflación  que a mayo había subido a un 10.4%, pero resulta ser que somos víctimas de una jugarreta estadística, ya que marzo, abril y mayo del año pasado fueron los meses del inicio de la pandemia, cuando el país prácticamente cesó en sus actividades económicas y los precios bajaron. Eso cambió a partir de junio del 2020 por lo que es predecible que, aún sin una ya decidida acción gubernamental, el índice de inflación bajará. Tan optimista está el Fondo Monetario Internacional que en su último reporte sobre nuestro país predice que a diciembre la inflación habrá bajado a 4.5%, es decir casi al nivel del 4% que ha sido el objetivo de nuestro Banco Central durante muchos años.  Algunos empresarios sufrirán pérdidas por la baja en el valor de sus inventarios resultantes de la disminución de los precios internacionales de los bienes que importan.

En Colombia los titulares fueron el anuncio de que la clasificadora Fitch había reducido la valoración de sus bonos soberanos a la categoría de BB+, nivel que implica que son “bonos chatarra” o “junk”, peligrosos para los que colocan sus fondos en esas obligaciones. Pero nadie hizo referencia a que la propia Fitch había clasificado los bonos soberanos dominicanos en BB-, una clasificación más baja aún que la colombiana, por lo que nuestras obligaciones internacionales son “chatarra de la mala”. Pero cuando salimos al mercado a ofrecerlos la demanda por ellos fue mayor que la cantidad que quisimos vender y los márgenes en tasas de interés se han estado reduciendo.

El Ministerio de Educación tuvo la feliz idea de enseñar a los dominicanos la letra completa de nuestro himno nacional, cuando la práctica había sido tan solo cantar las primeras estrofas. Durante la dictadura trujillista estuvo prohibido cantar estrofa alguna ya que todas aluden a la libertad política. En los Estados Unidos es lo contrario. Tan solo se canta la primera estrofa de su himno nacional, que alude a una victoria de las tropas independentistas sobre las inglesas, ya que en su tercera estrofa critica a los esclavos por haberse unido a las tropas inglesas en la lucha independentista pues a cambio de esos servicios dejaban de ser esclavos. Por eso atletas afroamericanos rehúsan inclinarse ante un himno que posee párrafos que no se cantan, pero que sí conocen.

Nuestras amas de casa de clase alta y media están contentas porque han descubierto que pueden colocar sus pedidos por Internet para las compras de alimentos en supermercados, pagando con sus tarjetas de crédito y estos llegan rápido en una motocicleta. Nada de eso es nuevo. Cuando yo era un niño me enviaban para que engordara donde mi abuela en Gurabito en las afueras de Santiago. Todas las madrugadas desde mi camita con mosquitero escuchaba el pregón de las marchantas que desfilaban en mulas hacia nuestra casa donde la abuela, desde su ventana, con un pañuelo lleno de “clavaos” y otras monedas hacía sus compras. Todavía rememoro el pregón: “¡Batatas, plátanos, yuca, tomaticos, recao… y un pollo!”