El jolgorio navideño atenuó la atención que merece que Estados Unidos revocara la visa y prohibiera a sus ciudadanos, residentes y entidades hacer negocios con Ángel Rondón, además de congelar cualquier activo suyo bajo jurisdicción estadounidense.

Mayor aún que esto, es el anuncio por el embajador interino Robert Copley, de que esta consecuencia del involucramiento de Rondón en el caso Odebrecht, “sirve como advertencia para otros perpetradores”. “Perpetrador”, o sea la persona que “comete o consuma un delito o culpa grave”, es el término –abreviado como “perp”— usado por la policía gringa para autores de crímenes.

Es evidente que Rondón, aun sin sentencia judicial, no es ni puede resultar el único culpable, de modo que los demás quizás estén pensando qué les espera. Avergüenza y preocupa que la mayor consecuencia de las ramificaciones locales del escándalo Odebrecht resulte de un decreto de Trump y no por sentencias judiciales nuestras. Es como si nuestra Justicia y gobierno fuesen tercos mulos necesitados de “nudging” o quizás foete. Y después dizque molestan las “injerencias”