El contagio por la enfermedad se ha acelerado, con un promedio de 1,000 casos cada día.

Una indisciplina generalizada respecto a la prevención del coronavirus se percibe a lo largo y lo ancho del país.

Congregaciones masivas por todos lados, eventos en amplias dimensiones, musicales, sociales, deportivos, como si la circulación del COVID-19 hubiese parado.

El contagio por la enfermedad se ha acelerado, con un promedio de 1,000 casos cada día.

Ante ese panorama, uno observa una cierta flexibilización o acaso una suerte de frialdad de las autoridades, llamadas a poner el orden.

Irlanda,  con una de las tasas de vacunación más altas de Europa, específicamente el 89,1% de las personas mayores de 12 años vacunadas, se ha visto en la obligación de aplicar nuevas restricciones.

Ha decidido imponer un toque de queda a medianoche en bares, restaurantes y clubes nocturnos a partir de mañana.

Ese país está pensando, además, en retomar el teletrabajo, mientras expande los lugares donde se requiere un pase de vacunación para ingresar.

En realidad, en toda Europa se está viviendo un incremento del contagio por COVID provocando que los gobiernos introduzcan nuevas restricciones.

Los expertos estiman que las próximas cuatro semanas pudieran ser de incrementos constantes de los casos.

Nos aproximamos a diciembre, mes festivo, en que probablemente habrá que aplicar restricciones para evitar un colapso.

Es increíble que en medio de este panorama exista una resistencia irresponsable a la vacuna.