Ocupados como estamos con nuestro proceso electoral, no nos percatamos mucho de lo que ocurre fuera de nuestro país.

En abril, por ejemplo, tendrá lugar en Cartagena de Indias la Quinta Cumbre de las Américas, a la que acude el presidente de Estados Unidos. La primera fue en Miami en 1994, donde Joaquín Balaguer se reunió con el presidente Bill Clinton; la segunda en México en el 2003; la tercera en Argentina en el 2005, donde Hugo Chávez creó un conflicto y la última fue en Trinidad y Tobago donde el presidente Obama se reunió por primera vez con los presidentes latinoamericanos y del Caribe. Estas reuniones no deben confundirse con las Cumbres Iberoamericanas, donde acude el rey de España, pero no el presidente norteamericano.

En Cartagena Obama tendrá la oportunidad, de nuevo, de exponer sus prioridades hacia la región. Ya lo hizo en Trinidad donde habló bien, pero la realidad ha sido que los problemas en Medio Oriente y la crisis económica mundial relegaron a nuestros países a un nivel bien bajo entre las prioridades estadounidenses. El congreso en Washington tampoco ha estado interesado en aprobar temas importantes para nosotros, como el de la migración.

Cartagena será escenario de la despedida del presidente Leonel Fernández de la comunidad hemisférica, por lo menos hasta el 2016. Ya Lula ha explicado que los ex presidentes son como los jarrones chinos, que nadie sabe dónde ponerlos y otros han sugerido que los ex presidentes se reúnan entre ellos para dialogar. Cartagena también será la oportunidad de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff de dirigirse a nuestro continente por primera vez, luego de su elección.

Nuestras economías marchan bien, especialmente si se comparan con lo que está ocurriendo en Estados Unidos y Europa. Ya el congreso norteamericano aprobó los tratados de libre comercio con Colombia y Panamá y no luce posible que Washington tome más iniciativas en este campo, por lo  menos hasta las elecciones norteamericanas de noviembre. Las antes muy tensas relaciones entre Colombia y Venezuela han mejorado mucho. Israel amenaza con atacar a un Irán que busca aliados en Suramérica y Cuba. Es probable que Obama se refiera a ese tema.

Pero es improbable que en un año electoral Obama hable sobre la propuesta de varios ex presidentes latinoamericanos de legalizar el consumo de marihuana, como forma de reducir el de otras drogas mucho más perjudiciales a la salud y a la vez disminuir los beneficios económicos que obtienen los narcotraficantes. Tal vez hable sobre un mayor apoyo norteamericano a la lucha que encabeza el saliente presidente Calderón de México, utilizando a su ejército contra ese flagelo.

Y está el tema de los presidentes izquierdistas latinoamericanos y caribeños, ahora organizados bajo el ALBA: los Castro, Chávez, Correa, Ortega, Morales, Bouterse de Surinam, tres pequeñas islas caribeñas y ahora el Haití de Martelly. Estos cuatro últimos países, igual que el nuestro, dependen de Petrocaribe. ¿Cómo se comportarán ellos frente a Obama y este último frente a ellos? Los países del ALBA se reunirán en Haití en marzo para insistir sobre la presencia de Cuba en Cartagena y amenazan con no estar allí si no logran eso.

Desde por lo menos 1998 cuando el presidente norteamericano visita un país centroamericano los otros mandatarios de la región se juntan con él. Sin embargo, en la reciente visita de Obama a El Salvador los otros presidentes no acudieron y se dice que eso se debió a una solicitud de Obama, porque no quería saludar a Daniel Ortega de Nicaragua.

En la agenda bilateral domínico-americana no hay hoy día grandes temas importantes que no sea el lograr mayor apoyo material y logístico y de inteligencia americanos en la lucha contra las drogas, proveyendo radares y helicópteros Black Hawk, por ejemplo. No tenemos conflictos con empresas norteamericanas, el DR-CAFTA funciona y el tema migratorio, que sí nos interesa mucho, está en un limbo en el congreso norteamericano hasta por lo menos después de las elecciones en ese país el próximo noviembre.