Implica, además, compartir eventualmente, en no pocos casos del conjunto, un gobierno subordinado a los grupos de poder local y a EEUU.

No son apóstoles los que han pactado, sino doce facciones de la partidocracia, gran parte de ellas muy corrompidas y responsables de la aplicación de las políticas neoliberales.

En verdad son muy pocas la excepciones, mientras de todas maneras los que está libres de pecados mortales, se comprometen a respaldar candidaturas de una franja neo-conservadora, de partidos inmersos en el ejercicio de la política como negocio; dependientes todos del poder estadounidense e incluso una parte con un corte ideológico racista y neo-fascista. Léase leonelismo, balaguerismo, vinchismo, perremeismo, pecudeismo, punismo, peñaguabismo…

Tú me apoya y yo te apoyo, aun que tú seas parte de la corruptela neoliberal y neo-trujillista imperante a lo largo de casi seis décadas.

Así van las cosas en esa llamada oposición, muy parecida por cierto a su contrincante gubernamental, solo que no ejerce el poder central del Estado.

Así, optando por un pacto impúdico a lo largo y ancho de 24 provincias, correspondiente a una tres cuarta parte del territorio nacional; de cara también a una comprometedora alianza en segunda vuelta.

Pero lo peor no es eso, sino que pretendan presentar esa afrenta como parte de una decisión  para “salvar” una democracia inexistente y una institucionalidad esencialmente pervertida; y principalmente, para disque renovar instituciones estatales promoviendo partidos y personas de vieja data en el negocio de la política y el mercado electoral.

Ahora resulta que Leonel Fernández, Quique Antún, Peña Guagua y los Vinchos, entre otros, son baluartes de la democracia y de la honestidad, algo que no debe extrañarnos en boca de quienes proclamaron a Balaguer “padre de la democracia dominicana”. En esa claque solo falta Danilo.

Ese té de tachuelas va ser muy difícil de tragar en una parte de las bases del PRM y del Frente Amplio, pero lo más grave es la responsabilidad histórica que ese paso implica en dirección a aupar de nuevo lo más perverso y conservador de la oposición, tan perverso y derechista como la propia facción danilista.

Están contribuyendo así a crear un engendro político neofascista con un desenfado oportunista de alto calibre.

Esto, sin dudas, es peor que aquello  del frente patriótico del PLD con el PRSC. Y ya sufrimos las consecuencias, primero con Leonel y ahora con Danilo.

De entrada implica garantizarle impunidad a Leonel y a toda esa cáfila política. Adiós PEME, Sun Land, Súper-Tucanos, Odebrecht, CEA, OISOE… por cuanto implica borrar esa cuentecita.

Implica, además, compartir eventualmente, en no pocos casos del conjunto, un gobierno subordinado a los grupos de poder local y a EEUU.