Aunque estamos viviendo en un ambiente en el cual todo se vale, el progenitor responsable no debe justificar las acciones vergonzosas de sus hijos.

I.- El compromiso de formar una familia

1.- El ser humano, en todo el curso de su existencia, asume compromisos consigo mismo, que solo el tiempo le dirá si ha valido la pena atarse a tal o cual misión.

2.- Nadie está llamado a percatarse por anticipado de cuál será el resultado de aquello que no depende de su sola decisión.  La previsión es imposible allí donde están de por medio diversidad de voluntades, sentimientos y propósitos.

3.- El ejemplo más convincente de que en la vida de las personas hay situaciones que escapan al deseo de sus actores, es el que se presenta con la familia, grupo de personas relacionadas entre sí, y vinculadas por factores muy diversos.

4.- Sin tomar en cuenta la analogía o semejanza en el trato de los padres hacia sus descendientes y la atracción mayor o menor hacia uno u otro, los progenitores no pueden asegurar de que será igual el comportamiento de sus vástagos, una vez salgan del hogar y entren a formar parte del  medio social donde han de desarrollar sus actividades cotidianas.

5.- El esfuerzo de instruir; el bien aconsejar; el adiestrar con dulzura; enseñar con los buenos ejemplos y el  aleccionar hogareño, en ocasiones se olvidan, produciéndose en el hijo o la hija una modificación en la manera de portarse, oposición entre lo que se le dijo era lo ético y lo que ahora practica fuera de ella.

6.- En cualquier hijo o hija se produce una metamorfosis; una conversión; mezcla no deseada de costumbres y principios distintos, que a la luz de la decencia aprendida en el ambiente familiar, se convierten para los padres, en complicaciones que les aturden y avergüenzan.

7.- Nadie, ningún papá o mamá, está en condiciones de dar firmeza que la hija o el hijo, llegará a tener, mañana, ya fuera de su hogar originario, el apego a los principios éticos y morales que les fueron  inculcados.

8.- Por muy excelentes cinceladores que hayan sido los padres, de la buena conducta de sus niñas y niños, nada les asegurará que llegarán a ser modelo de ciudadanas y ciudadanos, respetuosos de las normas del correcto proceder en la sociedad humana.

9.- Aunque el papá o la mamá se esforzaron para que sus niñitas y niñitos llegaran a ser munícipes distinguidos por su formación cívica y de honestidad, nada quita que en el porvenir se van a convertir en una afrenta familiar.

10.- El padre o la madre de descendientes que se han dejado dominar por los vicios de la sociedad dominicana de hoy, o por debilidades sentimentales tiernas, se ingenia las más variadas explicaciones para justificar el negativo proceder de sus hijos o hijas.

11.- Aunque estamos viviendo en un ambiente en el cual todo se vale, el progenitor responsable no debe justificar las acciones vergonzosas de sus hijos.

II.- El papá y la mamá ante las fallas de sus descendientes

12.- Todo aquel que decide asumir la calidad de papá o mamá, debe estar revestido de la suficiente firmeza de ánimo para, aunque sea con pesar, reconocer que las fallas de sus descendientes, quiéralo o no, le tocan. Por muy difícil que resulte aceptar el defecto de uno de los hijos, no hay razón para ocultar lo que en el fondo del alma se siente.

13.- La vida familiar no se desarrolla al margen del ordenamiento económico y social, ni es extraña a la superestructura y las ideas que de esta surgen, por lo que  debemos proceder con estado de ánimo realista, reconociendo ser padres con aciertos y desaciertos, alegres por los actos que elevan a nuestros descendientes y tristes por aquellos que los reducen.

14.- De la misma forma que el papá y la mamá se sienten orgullosos por el  éxito de sus hijos e hijas, también deben aceptar con franqueza lo que constituye una afrenta. La honra que alegra y el agravio que mortifica, forman parte de los resultados coronados con victorias familiares, y fracasos perjudiciales no deseados.

15.- Esa combinación de lo que esperábamos positivo, y de lo que resultó negativo, es una especie de cóctel sumamente desagradable que incita a rechazar porque no fue el que preparamos, pero es el que está ahí como no anhelado.

16.- El papá y la mamá que con el mayor esmero criaron a sus hijos e hijas para que fueran personas de bien, nada evita que terminen los últimos años de vida en una especie de bamboleo mental, con el cerebro como una mecedora, balanceándose de un lado a otro sin cambiar de sitio y avergonzados.

17.- Las fallas, debilidades y otros desagradables desaciertos de los hijos e hijas, crean en sus padres la coincidencia de los más variados sucesos, que les motivan aturdimiento y permanente perturbación, con la agravante de que los odiosos episodios llegan a ser conocidos como noticias cuando ya los progenitores están en el ocaso de su vida y necesitan más que nunca tranquilidad espiritual.

Ideas finales

18.- Ese papi y esa mami, que hicieron de brillantes preceptores ante sus descendientes como discípulos, y les educaron para entregarles a la comunidad mujeres y hombres virtuosos, están expuestos a terminar su existencia sobre la tierra, desilusionados de lo que suponían  sería su obra magistral.

19.- Por más que los padres se sacrifiquen para hacer de sus vástagos personas de superior calidad humana, es posible que finalicen   frustrados al comprobar que no lograron nada excelente, sino individuos que agravian.

20.- La conducta y modo de vida de la prole,  no se puede medir por lo que se le ha enseñado   y el comportamiento mientras está bajo la dirección de los padres. Su manera de portarse  se define luego que sale del seno familiar, se integra a la sociedad en general y se une con su consorte.

21.- Aquellos padres que por su formación familiar, intelectual e ideológica, no creen  en someter su paz espiritual y alegría a la decisión de la suerte, y han criado y educado a sus descendientes, cuidándoles de que no se dañen por el medio o debilidades sentimentales, si uno cualquiera de sus hijos fallan, se sienten abatidos, anímicamente hundidos.

22.- Al papá y a la mamá de los hijos fallidos, no  les basta con decir: “El hijo ni es del padre ni es de la madre; es unión de ambos personificada y es afán de perfección modelada en carne y alma”. En todo caso, lo importante es que ambos acepten que en algo fallaron.