Es evidente que la iniciativa se encuentra en un atascadero y con el tiempo en contra si se le ve desde el punto de vista político.

SANTO DOMINGO.- El presidente Abinader ha dado señales de que se decanta por la institucionalidad y que desea establecer un parteaguas en términos de la gestión pública.

A mi juicio, la reforma tributaria es una oportunidad para impulsar esos dos objetivos.

 

Es evidente que la iniciativa se encuentra en un atascadero y con el tiempo en contra si se le ve desde el punto de vista político.

Una de las razones de ese estatus puede ser que el Gobierno no cuenta con un diseño de reforma convincente.

Me permito plantear dos caminos que pueden destrabar el proceso.

Primero, crear un think tank con los talentos de los distintos partidos políticos, o cercanos a estos, especialistas en finanzas públicas y auxiliarse de una veeduría de organismos multilaterales.

Segundo, propiciar una discusión técnica corta para el diseño de una reforma aceptable, racional, calculada y viable en su aplicación.

Tercero, presentar el proyecto terminado al Consejo Económico y Social para llevar a cabo un debate abreviado, basado en una metodología inteligente.

Pudiera ser que esta propuesta exacerbe los egos profesionales y partidarios, pero es necesario vencer esas subjetividades para que podamos salir airosos.

Insisto en que hay una oportunidad de romper con la tradición de los parches fiscales y el cortoplacismo tributario y esto será en sí una muestra concreta de que estamos cambiando.