La LIDOM y demás autoridades deben urgentemente, antes de la próxima temporada, nivelar el terreno en bien del deporte, el negocio y la libre competencia.

Dicen algunos politólogos que la mejor época para que los gobiernos dispongan o anuncien medidas impopulares es cuando el pueblo está “embullao” con el béisbol, sea la liga local de invierno o los finales de Grandes Ligas, dizque porque sólo la pelota apasiona más que la política.

Pero más que deporte o pasión, se trata de un negocio multimillonario en que no siempre existe toda la transparencia y rendimiento de cuentas que la sociedad exige para otras actividades, hasta de los partidos políticos. Algunos equipos han logrado rebasar el antiguo esquema de ser “clubes”, cuyos socios están a expensas de un puñado de dirigentes, para transformarse en empresas.

El Licey, la franquicia que más fanáticos posee y más dinero genera, continúa en manos de una directiva que se da el lujo, según está reclamando judicialmente la parte afectada, de expulsar injustificada e inconsultamente a socios de muy larga data. La LIDOM y demás autoridades deben urgentemente, antes de la próxima temporada, nivelar el terreno en bien del deporte, el negocio y la libre competencia.