Ojalá que ya, tras cinco meses, los meritorios diplomáticos estén disfrutando sus pensiones, porque una cosa es decretar, pero otra dañar con retrasos esta excelente disposición del presidente Abinader.

Hacer carrera en el servicio público es para muchos una meta que cualquiera se pregunta si merece tanto afán, pues nada es más malagradecido que el Estado a la hora del retiro y la pensión.

De todas las dependencias oficiales, la Cancillería ha sido la más afortunada al contar entre su personal a dominicanos de mayor educación, vocación y preparación académica que el promedio en el gobierno. Con pocas excepciones de improvisados designados por interés político del presidente de turno, desde hace casi noventa años el Ministerio de Relaciones Exteriores ha contado con un cuerpo diplomático y consular, personal administrativo y de apoyo, que les saca la milla a casi todas las demás dependencias oficiales.

Por eso, me alegró mucho el decreto 18-22 del 12 de enero, jubilando con dignas pensiones a 33 funcionarios del servicio exterior y aumentándole a cinco previamente retirados. Ojalá que ya, tras cinco meses, los meritorios diplomáticos estén disfrutando sus pensiones, porque una cosa es decretar, pero otra dañar con retrasos esta excelente disposición del presidente Abinader.