Allá y aquí, la Internet y la diversidad permiten a la creciente clase media comparar el periodismo de calidad con el provinciano remedo sin prigilio que supura en algunos diarios

El reciente disparate sobre las alegadas causas de violaciones y del libertinaje sexual, fenómenos distintos equiparados por la supina ignorancia de un editorialista, me recordó que hace unos meses me pregunté, ¿por qué pese a contar con periodistas excelentes ninguna mujer dirige un diario dominicano?

El New York Times despidió meses atrás a su primera directora y la sustituyó con el primer negro, para dirigir al afamado periódico. La señora despedida había reclamado igual compensación y beneficios que predecesores varones.

Dondequiera se cuecen habas y una liberalidad es la que se predica y otra la que se practica.

Allá y aquí, la Internet y la diversidad permiten a la creciente clase media comparar el periodismo de calidad con el provinciano remedo sin prigilio que supura en algunos diarios.

Curiosamente (o quizás afortunadamente para los propietarios de periódicos), aquí hay algunos directores que trabajarían hasta gratis, un pseudo-misterio de conocida pero incómoda explicación… Orgullosamente apoyados por dueños y patronos, para vergüenza ajena de lectores. ¡Qué incienso tan duradero, sus pastores le bendigan!