La política es usualmente definida como la ciencia o arte del gobierno, preferiblemente en procura del bien común dentro de un orden público dependiente del imperio de la ley y no sólo de la voluntad de quienes mandan. Implica tomar decisiones que, aparte de promover progreso, desarrollo y prosperidad, igualmente beneficien a quienes gobiernan con popularidad y capacidad de que otros hagan según uno quiera. Eso es poder.

En sociedades maleadas por institucionalidad anémica, graves desigualdades socioeconómicas, corrupción rampante en asuntos públicos y privados, o descomposición moral, el buen gobierno debe tomar incómodas decisiones necesarias o imprescindibles. Ello afecta intereses de personas o grupos tan poderosos que su reacción puede disminuir la popularidad o el poder de los gobernantes. Por ello, los cambios drásticos sólo pueden completarse con revoluciones sin contemplación del orden legal.

Nuestro país está urgido de una regeneración moral, que actualmente lidera Luis Abinader. Una gran mayoría lo apoya. Para llegar lejos no debe acelerar, sino avanzar con mayor cuidado. El poder es una fiera arisca y traicionera.