De ahí que la preocupación de organismos internacionales y nacionales que estiman que para el año 2100 la República Dominicana habrá perdido un 13 % de su territorio superficial por un ascenso del nivel del mar que haría desaparecer nuestras hermosas playas que sustentan nuestro liderazgo turístico regional.

Desde que el planeta Tierra se formó hace 4,567 millones de años, como parte de un Big Ban que dio origen a nuestro sistema solar, su corteza exterior se enfrió y comenzó a moverse lateralmente empujada por una dinámica convectiva magmática que tiene su origen en la termodinámica de un planeta que posee un núcleo con temperaturas cercanas a los 6 mil grados Celsius y una corteza exterior con temperatura media del orden de los 15 grados Celsius, donde rige la ley que establece que el calor fluye del cuerpo más caliente hacia el más frío hasta que las temperaturas se equilibran, aunque en un planeta del tamaño de la Tierra, con un radio de 6,370 kilómetros, ese proceso de equilibrio térmico podría tomar otros 5,000 millones de años hasta enfriarse y dejar de moverse interna y externamente.

Uno de los primeros científicos en darse cuenta de esa dinámica propia de la corteza terrestre fue el geólogo, geofísico y meteorólogo alemán Alfred Wegener, quien en el año 1915 planteó que todos los continentes estuvieron originalmente unidos y que gradualmente fueron separándose por efectos de una deriva continental responsable de haber separado a Suramérica y África para crear el Atlántico, pues para Wegener era evidente que la morfología de las costas este de Suramérica encajaba perfectamente con la morfología de las costas occidentales de África, como dos piezas de un rompecabezas, y aunque su teoría fue rechazada en ese entonces, en 1960 tuvo que ser aceptada al analizar datos batimétricos de fondos marinos, la dorsal del Atlántico, y datos topográficos de la superficie terrestre.

Esa dinámica tectónica es responsable de que continentes, islas y mares estén donde están hoy, y que en algunos lugares se muevan lentamente de manera ascendente (emersión), pero que al mismo tiempo otros lugares del planeta se hundan lentamente (subducción), pues, como la masa de la Tierra es siempre la misma, para que un lugar se levante, otro lugar debe hundirse, es decir, si usted hunde su dedo pulgar en un pedazo de masilla plástica, es natural que donde usted oprime con su dedo la masilla se hunda, como un mar, pero, al mismo tiempo, esa presión hace que la masilla se levante en otro lugar formando una protuberancia, como pequeña montaña, aunque la masilla es la misma.

Y esa es la razón por la cual en nuestro planeta Tierra tenemos territorios en hundimiento tectónico (subducción) como las islas Tuvalu, islas Fiji, islas Salomón, islas Vanuatu, islas Marshall y Kiribati, todas ubicadas en el Pacífico sur, al noreste de Australia, al igual que la isla de Pascua, al oeste de Chile, también en el Pacífico, casos que llaman a la atención de la comunidad científica porque son islas muy bajas, a veces con tan solo 2 a 4 metros sobre el nivel medio del mar, con proyección a quedar cubiertas bajo las aguas del mar por una combinación entre el hundimiento tectónico y la subida del nivel del mar que es provocada por el calentamiento global que derrite casquetes polares, glaciares regionales y nieves perennes, generando ascensos del nivel medio del mar variables entre 1 y 1.5 milímetros por año.

Pero ese no es el caso de las islas del Caribe, a las que pertenece la República Dominicana, pues nuestra isla, junto al resto de la placa tectónica del Caribe, a finales del período Jurásico estaba bajo el océano Pacífico, justo al oeste de donde hoy se encuentra América Central, y se ha estado moviendo permanentemente hacia el este-noreste, a razón de 20 milímetros por año, empujada por la placa tectónica de Cocos, pero al mismo tiempo se levanta 3 milímetros por año, empujada desde abajo de su lado norte (como lo hace un gato hidráulico) por la subducción de la placa tectónica de Norteamérica que al penetrar bajo la placa tectónica del Caribe genera terremotos, y también se levanta en su lado sur por la subducción de la trinchera de Los Muertos, lo que explica que nuestras costas norte y sur sean costas de emersión y sismicidad, con acantilados arrecifales en Puerto Plata, Río San Juan, Cabrera y Samana, recordando que cuando Cristóbal Colón llegó, en 1492, Samaná era una isla y hoy es una península conectada con Nagua por un puente de arenas que facilitó que un tsunami entrara libremente y destruyera al pueblo de Matanzas minutos después del gran terremoto de magnitud 8.1 ocurrido el 4 de agosto de 1946 con epicentro cerca de Nagua.

De ahí que la preocupación de organismos internacionales y nacionales que estiman que para el año 2100 la República Dominicana habrá perdido un 13 % de su territorio superficial por un ascenso del nivel del mar que haría desaparecer nuestras hermosas playas que sustentan nuestro liderazgo turístico regional, no es concordante con la dinámica de las placas tectónicas que elevan y sacuden nuestro territorio insular, porque nuestros territorios caribeños ascienden más rápido que el nivel del mar, y basta observar que la playa de Boca Chica es una piscina natural en ascenso, y ver que las avenidas 30 de Mayo-Independencia-José Contreras, Mirador del Sur-Anacaona-Sarasota-Bolívar, y 27 de Febrero-J.F. Kennedy, definen terrazas que eran fondos marinos que emergieron del mar y hoy están entre la cota 10 msnm (malecón) y 50 msnm (27 de Febrero), separadas por farallones que eran antiguos frentes costeros, confirmando un proceso de levantamiento tectónico regional, que supera el ascenso del mar, y que no debe mezclarse con la erosión puntual que experimentan algunas playas del este, causada por obras marinas realizadas sin estudios de dinámica costera, estando clara la realidad de que para el año 2100 tendremos más territorio del que tenemos en la actualidad.