Haití tiene una antigua claque estadounidense atenta a sus plañideras quejas por su rotundo fracaso e inviabilidad atribuidos siempre a terceros.

La nota discordante de la excelente participación de Luis Abinader en la Cumbre de las Américas fue la necesidad de desmentir al premier Ariel Henry por declarar que República Dominicana acordó regularizar la situación de inmigrantes ilegales y apoyar una candidata haitiana para dirigir la Organización Panamericana de la Salud.

“No hubo ningún tipo de compromiso”, expresó el gobierno, una inusual declaración oficial y segunda en pocos meses para refutar al haitiano sobre temas dominicanos.

La posición dominicana sobre los inmigrantes y trabajadores es que “el gobierno de Haití debe realizar todos los esfuerzos para proveer documentos oficiales haitianos a todos sus inmigrantes y trabajadores en la República Dominicana”. Y sobre la OPS, como Panamá presenta otra candidatura, debe conversarse con los panameños.

“El Gobierno dominicano tiene posiciones muy claras con respecto a la agenda bilateral con el Gobierno haitiano. Las únicas informaciones válidas sobre acuerdos o discusiones en la Cumbre de las Américas son las emanadas de instancias oficiales de República Dominicana”, agrega.

La versión desmentida fue atribuida al premier Henry por la agencia española EFE desde Puerto Príncipe.

Enchinchadores

Ante el embrollo, políticos de ambos lados, con poquísimo apoyo o votos, pretenden cobrar vigencia con necedades ultranacionalistas.

El efímero primer ministro Claude Joseph tuiteó: “Abinader no puede dejar de usar a Haití como peón para avanzar su agenda política. Este es un hombre que falla por incumplir promesas internas en muchos asuntos, pero cree que puede usar a Haití como último recurso para complacer a ultranacionalistas de su país para ganar votos. Hipocresía…”.

La Presidencia y la Cancillería dominicanas prefieren no empoderar al consuetudinario anti-dominicano Joseph, honrando sus ataques con respuestas. Empero, recibió contundentes contestas del sector privado.

El empresario Felipe Vicini tuiteó: “Basura política de su parte. Por favor díganos ¿qué hizo usted o está haciendo para solucionar los problemas de su país? Los haitianos no pueden obtener documentos de identidad en su país ni en ningún consulado haitiano del exterior. Hipócrita…”.

El autor de este análisis tuiteó: “Usted, imputado del magnicidio de Moïse, ni Haití, han sido ni serán como Abinader y República Dominicana, democráticamente electo líder exitoso de país estable continuamente próspero, admirado por muchos menos afortunados, envidiado por ustedes. ¡Foutre!”.

Odio incesante

Las relaciones entre ambos países nunca han sido buenas. Desde su origen y génesis, Haití usurpó territorio de la pre-existente colonia española de Santo Domingo, hasta que el tercio occidental de la isla fue cedido a Francia por España, mediante el tratado de Rijswick de 1697, tras lo cual Saint Domingue llegó a ser la colonia más próspera de todo el Nuevo Mundo, mientras Santo Domingo, abandonada por la metrópoli, apenas subsistía en pasmosa pobreza.

Tras su guerra contra Francia de 1791 a 1804, incluyendo horrores como genocidio de todos los blancos e incursiones a la parte española donde Dessalines cometió masacres, en 1822 hasta 1844 los haitianos invadieron y ocuparon la parte dominicana, que en una desigual guerra logró separarse de sus malos vecinos.

Otro punto de inflexión fue en 1937 cuando Trujillo ordenó masacrar cientos de haitianos por su creciente ocupación ilegal de territorio dominicano, abigeato y otros crímenes. La cifra varía según distintas fuentes; las tumbas nunca se han encontrado.

Los intentos por regular las relaciones dominico-haitianas fracasan por una u otra causa mientras luce ser una política oficial de Haití fomentar la emigración masiva de sus ciudadanos ante su incapacidad de proveer las necesidades mínimas correspondientes a un Estado.

Asimetría

Haití tiene una antigua claque estadounidense atenta a sus plañideras quejas por su rotundo fracaso e inviabilidad atribuidos siempre a terceros. Recientemente, el New York Times reforzó ese espurio argumento, diciendo que Haití debió pagar a Francia casi US$600 millones por reparaciones de guerra, lo que causó pérdidas de muchísimos millones que debieron invertirse allá.

La argucia es discutible. Esa deuda nunca fue pagada totalmente; parte la pagamos los dominicanos durante la ocupación haitiana. De 2011 a 2021, Haití recibió más de US$13,000 millones en donaciones, casi todo robado por sus políticos; sigue siendo el país más pobre del hemisferio.

Hace sesenta años poseíamos similares Producto Interno Bruto, población e ingreso per cápita. Hoy el PIB dominicano es casi US$100,000 millones y sigue creciendo; el haitiano es US$12,000 millones y sigue bajando. Los dirigentes haitianos alegan ser víctimas de extranjeros, cuando las rapaces élites y corruptos políticos incapaces de Haití, lo han devastado, depredado sus recursos, expoliado sus pobres y destruido su siempre precaria institucionalidad, recientemente en connivencia con narcotraficantes.

Necesidad

Para la República Dominicana es impostergable que Haití recupere la paz y el orden público, primero, y luego la legalidad y legitimidad de sus poderes públicos.

En la cumbre, Abinader dijo:

“República Dominicana no puede cargar sola con los problemas de Haití, de hecho, ya está haciendo demasiado, mucho más de lo que puede. La situación ha desbordado los límites de un problema migratorio. Para los dominicanos, es un tema de seguridad nacional. Haremos lo necesario, como haría todo país soberano ante una amenaza similar, para asegurar adecuadamente nuestra frontera. Para mí y nuestro gobierno, es injustificable que esta comunidad de naciones permita que en medio del continente americano, Haití tenga gran parte de su territorio controlado por bandas criminales”.